Venezuela: ¿en la transición del chavismo? “Los escuálidos quieren matarme, ahora están inventando que tengo cáncer”[1] Ya no resulta extraño para los venezolanos ni para la comunidad internacional la recidiva del cáncer que volvió a tener el presidente Chávez. “Lo nuevo” está relacionado con la manera en que el mandatario, al anunciar el pasado mes de diciembre su regreso a Cuba para retomar el tratamiento médico, transmitió una imagen de angustia ante la opinión pública, que se ha interpretado como señal de un mayor deterioro en su salud por los avances de la enfermedad. De esta manera, el teniente coronel Hugo Chávez, artífice del Socialismo del siglo XXI, parece más consciente de la necesidad de asegurar que el “proyecto bolivariano” y modelo socialista de gobierno para Venezuela, no entren en un glasnost producido por su ausencia definitiva de la presidencia, el aumento de la corrupción oficial[2] y un débil crecimiento económico, a pesar de que Venezuela es considerada una “potencia energética mundial”. Antes de viajar a Cuba, el mandatario venezolano oficializó el nombre del vicepresidente y canciller Nicolás Maduro como su “legítimo” sucesor para producir el “relevo natural” y de esta manera, evitar una contraproducente incertidumbre que mostrara fracturas al interior del PSUV. El dilema de la sucesión en el poder La decisión personal del presidente Chávez, de sugerir como su relevo en la presidencia a Nicolás Maduro, tiene una explicación: la extracción popular de Maduro. No tenía sentido para Hugo Chávez enviar una señal de “enroque presidencial militar”, cambiando un teniente coronel por un teniente: Diosdado Cabello, como primer mandatario de Venezuela. Ello hubiera generado mayor desconfianza en el país, además de inquietud en la comunidad internacional, por lo que se interpretaría como la ultra militarización de Venezuela; aunque los militares en actividad y muchos en condición de retiro, son grandes beneficiarios del chavismo. Maduro, exmilitante sindical y vinculado como conductor del sistema de transporte público en Caracas, transmite, según Hugo Chávez, “el ideal del funcionario socialista”. Sin embargo, la principal razón para que el mandatario venezolano haya tomado esa decisión a favor de Maduro, está relacionada con su irrestricta lealtad; para el presidente Chávez, “Nicolás Maduro no dejaría acabar la revolución”. Por otra parte, Maduro ha ido desarrollando habilidades y destrezas políticas que le permiten contar en la actualidad con cierta simpatía en un sector del chavismo. No obstante, el solo beneplácito de Hugo Chávez no será suficiente para que Maduro herede la silla del palacio de Miraflores. En un eventual deceso del presidente en los próximos días, se deberá convocar a nuevas elecciones, escenario en el cual el chavismo tendría opciones de ganar nuevamente la presidencia, entre otras por las siguientes razones: · Tiene el control político, económico, judicial y militar del país. · Tiene 20 gobernadores elegidos recientemente en diciembre de 2012. · Tiene a su favor el “efecto conmoción nacional” que produciría el deceso del presidente Chávez, para explotarlo electoralmente. ¿Radicalización o moderación? La hipótesis de Nicolás Maduro como nuevo presidente de Venezuela abriría el camino a un nuevo matiz dentro del Socialismo del siglo XXI, que incidirá en el proceso de la denominada “Revolución Bolivariana”, poniendo a prueba la solidez del Partido Socialista Unido de Venezuela –PSUV- especialmente en relación con su estrategia más importante: la construcción del socialismo bolivariano.
Quien ha hecho posible hasta hoy mantener la unidad del PSUV, es el presidente del partido Hugo Chávez, situación que cambiará ante su eventual ausencia definitiva. En distintas ocasiones se han hecho evidentes las tensiones y las disputas internas en el partido. Las causas de las tensiones se relacionan con intereses y ambiciones personales por cuotas de poder, el “alejamiento del partido de sus bases sociales de apoyo”, y casos graves de corrupción[3], lo cual ha ocasionado “oportunismo, burocratismo, sectarismo y nepotismo”; siendo necesaria, de acuerdo con el presidente Chávez “una orientación general basada en la revisión, la rectificación, el reimpulso, la reunificación, la repolitización y la repolarización”[4]. En el futuro, el PSUV podría acabarse de atomizar, perdiendo capacidad de influencia política y convirtiéndose en un conglomerado de aspirantes a distintos puestos que el “Gobierno Bolivariano” ofrezca para mantener la básica cohesión y funcionamiento de su necesario Comintern. Todo ello hace que el vicepresidente Maduro tienda a radicalizarse. Ya amenazó públicamente a la oposición si esta lo desconoce como presidente, enviando así un mensaje de endurecimiento político en defensa de los intereses chavistas. Esa radicalización constituye una táctica del chavismo para polarizar aún más el ambiente nacional venezolano, generando una mayor incertidumbre que le permita contener toda expresión de respeto a la democracia, de cambio de gobierno y de acatamiento de la Constitución, e imponiendo las condiciones que requiere el sistema socialista. Hasta ahora toda la “institucionalidad chavista” ha respaldado a Nicolás Maduro, principalmente los sectores judicial, legislativo y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, lo que demuestra que progresivamente se está dando el reacomodamiento del chavismo para mantenerse vigente en el futuro. Ha vuelto a evidenciarse por lo tanto que el presidente Chávez logró implementar un modelo de régimen autocrático en Venezuela en donde se puede conservar y preservar la sucesión del poder. El estratégico papel de Cuba Es indudable que la influencia ideológica de Cuba en el gobierno venezolano constituye un elemento primordial en toda la estructuración de “la revolución bolivariana”. Cuba alcanza así el mayor logro estratégico de su historia socialista desde 1959: expandir su radio de acción en el hemisferio arrastrando a Venezuela hacia el socialismo del siglo XXI. Surge en América Latina una forma de “simbiosis geopolítica” en la que el elemento fundamental es el “ideológico - energético”. Cuba hace realidad su viejo sueño de exportar la revolución castrista, y Venezuela corresponde con exportación de petróleo: ¿el trueque ideológico –económico de la post guerra fría? En la actual “sucesión del chavismo”, Cuba será el principal protagonista internacional, pues no puede exponerse a perder a su mejor aliado en la región como consecuencia de la crisis política venezolana. Entendiendo que Fidel Castro se ha constituido en el mentor del presidente Chávez, es importante tratar de escudriñar cuál es el “aporte ideológico del castrismo” a la “revolución bolivariana”. Una de las respuestas se encuentra en el “guevarismo latinoamericano”. Fidel Castro se ha ido nutriendo de las tesis del “Che” Guevara para sustentar los “procesos revolucionarios”, los cuales concibe como prolongados, ininterrumpidos, constantes, con capacidad de multiplicarse, e inagotables, incluso después de la toma del poder. Cuba, por lo tanto, tiene gran parte de la clave del éxito o del fracaso de la “revolución bolivariana de Chávez” en Venezuela. La oposición: ¿oportunidad restringida? La oposición en Venezuela alcanzó un ascenso electoral[5] importante en las elecciones presidenciales de octubre de 2012, demostrando que se venía acumulando y ampliando un sentimiento de cambio hacia un gobierno diferente al chavista. Si bien el resultado reveló el grado de inconformismo con el gobierno del presidente Chávez, el oficialismo contraatacó dos meses después en las elecciones para gobernadores, obteniendo 20 de las 23 gobernaciones, un resultado desfavorable para la oposición que perdió, entre otros, dos estados estratégicos bajo su control: Zulia y Táchira. El movimiento electoral que la oposición logró convocar para las elecciones presidenciales, debería ahora ser transformado en un solo movimiento político, aspecto que no parece fácil dentro de los nueve partidos que la conforman; fragmentación que se constituye en una desventaja estratégica para enfrentar al chavismo. En ese sentido, la capacidad electoral de la oposición no refleja necesariamente la capacidad política para generar condiciones reales de cambio. Se trata solo de un buen indicador y un buen comienzo. Por otra parte, la oposición tiene muy pocas posibilidades de acceder a la “institucionalidad chavista”, en donde está la concentración del verdadero poder del gobierno nacional, y mientras el chavismo logre preservar e imponer esa condición, el sector opositor tendrá múltiples restricciones para enfrentar eficazmente al socialismo del siglo XXI. Las Farc: ¿al margen de la sucesión del chavismo? Con el eventual fallecimiento del presidente Hugo Chávez, las Farc perderían a su mejor aliado internacional. Ha sido el único mandatario en la región que solicitó en 2008, en el recinto de la Asamblea Nacional de Venezuela, otorgarle estatus de beligerancia al grupo guerrillero. Si bien la participación del mandatario venezolano fue importante para reiniciar las negociaciones de paz con el grupo armado ilegal, desde al año 2010 las Farc se enteraron, con cierta decepción, que el presidente Chávez había tenido un cambio de actitud en relación con la lucha armada. En un comunicado de alias Iván Márquez al Secretariado, el 13 de agosto de 2010, dice: “Están metidos en el cuento que no es posible acceder al poder por la vía de las armas y que somos la causa de la amenaza del imperio contra Venezuela, Cuba, Nicaragua… etc. (…) Es una especie de bombardeo ideológico contra nosotros, por tener consecuencia, dignidad y no doblegarnos. Hasta hace poco éramos percibidos como aliados estratégicos. (…) El buró político del PSUV discutió sobre la derrota de la guerrilla. Solo uno dijo que eso no era así. Sacaron una declaración donde dicen que nada tienen que ver con la guerrilla y no la apoyan. Esto a solicitud de altas instancias”[6]. Para las Farc, el presidente Chávez toma así distancia, con lo cual se enfrían las buenas relaciones y el entendimiento que se generaron con anterioridad a agosto de 2010, y cambia la “percepción de aliados estratégicos” que menciona Márquez. La ausencia definitiva del mandatario venezolano, por lo tanto, no tendría mayor repercusión en el buen desarrollo del proceso de negociaciones de paz en La Habana. Ante un eventual nuevo gobierno en Venezuela bajo la presidencia de Nicolás Maduro, la posición del chavismo sería la de continuar como facilitadores en el proceso de paz, porque son conscientes del “valor político - estratégico” que representa para “la Revolución Bolivariana” apoyar las negociaciones y alcanzar un acuerdo entre el gobierno colombiano y las Farc. Compartido por Opeal: http://opeal.net/index.php?option=com_k2&view=item&id=14191:venezuela-%C2%BFen-la-transici%C3%B3n-del-chavismo?&Itemid=144 Fuente de las fotografías: http://www.asambleanacional.gov.ve
[1]Palabras del Presidente Hugo Chávez, pronunciadas durante una ceremonia de graduación de médicos en Caracas, el 26 de agosto de 2010. El primer mandatario venezolano buscaba eludir, desmentir y ocultar, con fines políticos, la realidad de su enfermedad, la que finalmente lo tiene postrado. [2]El índice de percepción de la corrupción 2012 elaborado por Transparencia Internacional, muestra a Venezuela como el país más corrupto de América Latina con 19 puntos. [3]El conocido caso de la “mafia de las cabillas” (cabillas se denominan las varillas de acero para construcción) generado en la empresa Siderúrgica del Orinoco, propició, entre varias decisiones judiciales, la captura del gerente comercial Luis Salvador Velásquez, quien además ocupaba el cargo de director de finanzas del PSUV, señalado de participar en la venta de cabillas subsidiadas a precios superiores para obtener una rentabilidad ilegal en beneficio propio. [4]Líneas estratégicas de acción política. Partido Socialista Unido de Venezuela. Enero de 2011. [5]El 7 de octubre de 2012, en las elecciones presidenciales, el candidato de la oposición (Mesa Unidad Democrática) Henrique Capriles Radonsky, obtuvo 6’591.504 votos. El reelegido presidente Chávez obtuvo 8’191.132 votos. [6]Información conocida por OPEAL |