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En la película del 2006 El diablo se viste a la moda (The Devil Wears Prada), la parodia de la editora de Vogue Anna Wintour, Miranda Prestley (interpretada por Meryl Streep), esta decidiendo junto con un grupo de asistentes entre dos cinturones aparentemente iguales, y una de ellas dice algo como: “es tan difícil, son tan diferentes”, ante lo que la protagonista de la película Andrea Sachs (interpretada por Anne Hathaway), quien es la nueva asistente personal –ignorante en temas de moda, pero recién graduada de periodismo de la Universidad Northwerstern– se ríe incrédula. Miranda le pregunta si algo le parece chistoso y ella responde: “No, no, nada, es que ya sabes, esos dos cinturones se ven exactamente igual para mí. Ya sabes, todavía estoy aprendiendo sobre estas cosas y pues…”. Claramente molesta, Priestly le contesta: “¿Estas cosas? Ah claro, ya veo. Tú crees que esto no tiene nada que ver contigo. Vas a tu closet y seleccionas… no sé… ese motoso suéter azul, de pronto porque quieres decirle al mundo que te tomas a ti misma de una forma lo suficientemente seria como para preocuparte por lo que te pones encima. Pero lo que no sabes es que ese suéter no sólo no es azul, tampoco es turquesa. No es lapis. En realidad es cerúleo. Y también eres tan alegremente inconsciente del hecho de que en 2002 Oscar de la Renta hizo una colección de vestidos cerúleos. Y después creo que fue Yves Saint Laurent que mostró chaquetas militares cerúleas. Y luego el cerúleo rápidamente apareció en las colecciones de ocho diseñadores diferentes. Y luego se filtró hasta las tiendas de departamentos y más tarde a un almacén de baratijas donde tú, sin ninguna duda, lo pescaste de alguna caja de descuentos. Sin embargo, ese azul en particular, representa millones de dólares y un sinnúmero de trabajos y es algo cómico que pienses que tomaste una decisión que te aleja del mundo de la moda cuando, de hecho, estas usando el suéter que fue escogido para ti por la gente que está en esta oficina de una pila de cosas”.
La moda no es algo que uno naturalmente asocie a la política, pero a través de la historia la ropa ha sido una forma en que los líderes han mostrado su poder y status. De unos años para acá ha sido tema de conversación la ropa que usa Chávez, las sudaderas de los Castro y las famosas pintas de los dictadores y mandatarios en todo el mundo (Foreign Policy hizo un reportaje sobre los estilos de los dictadores “The Devil Wears Taupe”y Vanity Fair publicó un artículo exclusivamente sobre el estilo de Qaddafi “Colonel Qaddafi—A Life in Fashion” ). Esto ha sido especialmente interesante porque permite ver de alguna forma que los egos de estos personajes no sólo se manifiestan en la forma como gobiernan, sino también en la forma como se visten.
Y es que algunas veces, los mandatarios, sobretodo aquellos que están electos democráticamente y deben quedarse en el lado amable, se visten para ser parte del pueblo, ser uno más y que el electorado se sienta identificado; recordemos al expresidente de Colombia Álvaro Uribe vistiéndose como un típico antioqueño montando a caballo o a Mahmoud Ahmadinejad en esta foto de hace unos años. Otras veces, lo hacen por demostrar su poder: es un hecho poco conocido que Hugo Boss fue el diseñador de los imponentes uniformes del ejército nazi, así como de esos espectaculares abrigos de cuero que usaba Hitler y los miembros de la SS.
Es impresionante la forma en que internet le ha dado dinamismo a este mundo. Ahora hay miles de blogs sobre el tema, sus autores se han convertido en los principales representantes de las casas de moda y son los invitados principales a los fashion weeks. Los diseñadores esperan ser reseñados por estos bloggeros para ser leídos por millones de personas en el mundo, que por sugerencia de alguien que consideran más cercano que un periodista tradicional, van corriendo a las tiendas a comprar el último par de zapatos o la última cartera. Es por eso que no fue sorpresa encontrar una cantidad de información sobre la relación entre la moda y la política en internet, no solo Foreign Policy y Vanity Fair han hablado sobre el tema; encontré el blog de David Hellqvist, editor de Dazed Digital con un master en arte y política de la universidad Goldsmiths, llamado “Fashion in politics, the in and out of power dressing” , y tiene otro en la revista Another Magazine, titulado “The Spin” , donde trata de darle sentido a las decisiones sartoriales de los líderes del mundo.
Justamente, el museo del Fashion Institute of Technology en Nueva York, tuvo hace unos dos años la exhibición “Moda y política”, una curaduría enfocada no sólo en la relación de las ideologías políticas y valores sociales expresados a través de la moda, sino también sobre las maniobras de los participantes en la arena política. Las piezas exhibidas: ropa, textiles y accesorios, ayudan a entender cómo la moda ha estado influenciada por decisiones políticas y cambios sociales.
Hace unos días, antes de que empezara la Cumbre de las Américas, Fidel Castro se burlaba de Obama porque iba a usar guayabera en Cartagena (cosa que no pasó); al respecto Ramiro Bejarano (@RamiroBejaranoG) en su Twitter decía: “Fidel se burla de Obama por usar guayabera. Con ese criterio Obama puede mofarse de Fidel por utilizar sudaderas gringas y tenis americanos”. Esta situación me llevó a pensar en la contradicción que hay entre las políticas de estos personajes y su interés por la moda; en cómo el verse bien ha resultado ser más importante que su ideología y su desdén por el capitalismo, el cual promueven y apoyan, irónicamente, al gastar miles de dólares en mantener su estilo, y cómo nadie, absolutamente nadie, como lo decía Miranda Priestley, escapa al mundo de la moda. La moda es un dinamizador enorme del mercado, crea empleo, hace millonarios, genera cada vez más pasiones, esta más vigente que nunca y nadie es ajena a ella.















