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Quedan muchos interrogantes después de una explosión. ¿Quiénes eran las personas que murieron en ella? ¿A dónde trasladaron los heridos? ¿Había algún familiar o conocido entre ellos? ¿Por qué alguien sería capaz de semejante atrocidad? ¿A quién iba dirigida? Una bomba va a dirigida a todos, acaba con la vida de mujeres, hombres, madres, padres, hermanos, hijos e hijas; deja heridas y cicatrices de por vida. Una bomba también crea pánico, desconcierto y desolación; la sensación de que pude haber sido yo o tú o alguien cercano; “yo pasé por ahí esta mañana”, “yo crucé el semáforo justo antes”. Una bomba en Colombia es un golpe en una herida aun abierta; trae los recuerdos más sórdidos de la violencia del narcotráfico y de las Farc.
Sea cual fuere el responsable de esta atrocidad, es clara una cosa: la confianza se ha perdido. La paz que parecía estar construyéndose, tan frágil aún como un suspiro, se desvaneció de nuevo. La detonación de un artefacto explosivo en plena calle 74 con Avenida Caracas, con el fin de atentar contra la vida de de Fernando Londoño, exministro del Interior, su conductor, guardaespaldas y personas que transitaban por el lugar, nos recuerda que vivimos en un país en conflicto. Ese país lejano a la indiferencia de las urbes, esa Colombia de guerra visceral nos recuerda cada vez que puede, que estará ahí con nosotros dividiéndonos, destrozando nuestros cuerpos y almas.
Además de las cinco personas fallecidas, de sus familias, de los 36 heridos, también se debe considerar a “la paz” dentro de la lista de víctimas. La posibilidad de un acercamiento entre los grupos armados al margen de la ley y el gobierno parece remota. El marco legal para la paz aprobado en sexto debate y con varios opositores como el expresidente Álvaro Uribe y José Miguel Vivanco de Human Rights Watch, hoy recibió su estocada final. La paz es uno de los anhelos de la mayoría de colombianos, el marco legal para bien o para mal es un espacio de discusión sobre ese deseo. Acabar con él es negarnos la posibilidad de pensar que el fin del conflicto armado sí es posible y que es necesario estar preparados para ello, que es necesario tener las herramientas necesarias para llegar a su encuentro. Después de la bomba me pregunto: ¿debemos dejar de pensar en paz después de atentado?









