Eventos como la Cumbre de las Américas, que buscan espacios de deliberación en la región con el fin de generar políticas y decisiones unánimes sobre temas que son de gran relevancia para el continente, se vienen desarrollando desde la independencia de los Estados latinoamericanos. En general, estos eventos y aún más importante, los procesos de integración en la región, no han sido muy exitosos.
Una condición importante pero no definitiva para los procesos de integración es el pasado común de los Estados. Teniendo en cuenta que los Estados latinoamericanos comparten un pasado colonial, podría pensarse que están un paso más cerca de una integración exitosa, pero lamentablemente la práctica ha demostrado lo contrario.
Remontándonos a los primeros intentos de integración, encontramos la Carta de Jamaica de 1815 en la que son expuestas de forma clara las recomendaciones e intenciones del libertador Simón Bolívar de crear una América unida con la creación de la “Liga Hispanoamericana”. Bolívar creía en la alianza natural de América Latina dado que los Estados en su mayoría comparten una lengua, una religión, tienen una historia colonial compartida y costumbres similares; características fundamentales para crear un sentimiento de Nación que mantendría a la Liga unida.
Los obstáculos que impidieron la integración soñada por Bolívar fueron en su época y en primer lugar, los límites geográficos y las distancias, debido a la gran extensión del territorio, seguido por los intereses políticos disímiles de cada Estado que se debían principalmente a los diferentes grados de independencia.
Las limitaciones que impidieron la integración y cooperación de los Estados latinoamericanos en la época de la Carta de Jamaica, están aún vigentes y continúan obstaculizando la integración. Los límites geográficos, como los de los países que comparten la Amazonía, complican la comunicación entre los Estados y hay países que mantienen disputas limítrofes, como el caso de Bolivia y Chile, que discuten la validez del Tratado de 1904 en el que Bolivia perdió la salida al Pacífico. Y no son los únicos.
En cuanto a los intereses políticos disímiles, hoy persisten como el obstáculo más grande. Es evidente que cada uno de los Estados latinoamericanos se encuentra en una etapa de consolidación institucional diferente, cada uno afronta problemas de seguridad de distinta naturaleza y esto hace que cada uno busque políticas que se adapten a sus necesidades y que se dificulte la formulación de políticas comunes.
Entonces, teniendo en cuenta lo anterior, ¿es posible pensar en una integración política y económica de América Latina? Existen una gran cantidad de iniciativas de integración en la región, entre las cuales -para mencionar algunas- encontramos el Mercosur, Unasur, la CAN y el Alba. Con estas iniciativas de integración no sólo se está buscando facilitar el comercio y la formulación de políticas comunes. Estos espacios se han prestado también como plataformas de exposición para Estados que buscan perfilarse como líderes regionales. El liderazgo de Brasil es claro en la Unasur y el de Venezuela, en el Alba, pero es importante recordar que cada uno de estos bloques, aunque comparten Estados miembros, tiene diferentes esquemas de integración y se rigen bajo principios políticos y económicos muy diferentes.
La ausencia de un líder declarado y la lucha entre Estados con principios políticos y bases ideológicas disímiles dificulta aún más los procesos de integración regional.
Finalmente, regresando a la Cumbre de las Américas en Cartagena y recordando la incapacidad de los asistentes de llegar a un acuerdo para consolidar un documento final, demuestra una vez más que cada uno de los Estados persigue sus propios intereses siendo este el mayor obstáculo para generar acuerdos regionales. Esta situación nos demuestra que desde el intento de creación de la “Liga Hispanoamericana” hasta el día de hoy, los problemas de integración continúan siendo similares y su futuro… Incierto.








