Midan Tahrir (La Plaza de la Libertad) se ha convertido en el emblema de la libertad y la lucha del pueblo, en el desenlace de las protestas que desde el 25 de enero han ocupado sus calles y quebrantado su calma. Para Amer, un licenciado en derecho, la ira descontrolada de más de cientos de miles de personas enfrentadas en la Plaza de la Libertad, es la denuncia del pueblo egipcio ante la represión y brutalidad de los cuerpos de seguridad resumidas en la muerte de Khaled Said, un blogger de Alejandría que había sido torturado por la Policía a finales de diciembre de 2010: “la brutal muerte de Khaled levantó la ira de muchos. La Policía es corrupta y asesina, no lo podemos seguir tolerando, por eso decidimos salir a las calles para denunciar”. No obstante, según Butros Butros Ghali, exsecretario general de la ONU y líder político en Egipto, “la policía solamente está intentando evitar la confrontación en las calles entre los que están a favor de Mubarak y los que quieren su partida”. Lo cierto es que, a pesar de que el factor detonante detrás de las protestas de Túnez sea distinto para cada egipcio, todos marchan por una causa: la partida del presidente Mubarak del poder; y el ejército, se ha convertido en la única institución pública legítima para los egipcios y el mundo. Para la mayoría, su presencia en la plaza es imprescindible, pues mientras persistan, la protesta sigue y los que apoyan al gobierno no pueden acercarse.

Para Beshir Baker, periodista árabe, no se puede hablar de un solo factor como responsable de la ola de protestas que se están viviendo en el país, pero la subida del precio de los alimentos sin lugar a dudas, fue uno de los hechos que aceleró el proceso en Túnez. En gran medida, quienes abogan por la partida de Mubarak protestan contra el desempleo, la pobreza y el alza de los precios en los alimentos, que a enero de este año subieron en un 3,4%.
Lo que es innegable es que el mundo entero está mirando hacia Egipto, y este acontecimiento supone varias secuelas tanto para el pueblo, como para los países de oriente próximo y del occidente. El lunes de esta semana sin embargo, pareció vislumbrarse una luz al final del túnel; el presidente Hosni Mubarak junto a su gabinete, se reunió con varios representantes de la oposición, incluyendo el representante de los hermanos musulmanes, algo realmente impactante pues el movimiento nunca fue considerado como partido político por su gran connotación religiosa. Por un día nada más, las manifestaciones de cientos de miles de personas pasaron de las calles a las oficinas con el intento de lograr un diálogo sostenido que pueda dictaminar los lineamientos para restablecer la calma y la democracia en este país. Por ese día nada más, la capital egipcia regresó a su rutina, abriendo bancos y supermercados, que no lograron dar abasto a las personas que compraron víveres en abundancia para prevenir otro obstáculo en la actividad económica de la capital del país. Mientras tanto, el gobierno reconoció como “legítimas” las demandas de los miles de egipcios que han salido a manifestar, y se comprometió a negociar varias reformas constitucionales entre las cuales estaba ponerle fin a la Ley de Emergencia, con la cual el gobierno de Mubarack ha logrado reprimir y silenciar a sus oponentes durante su larga administración. Así mismo, se discutió la modificación de los artículos 76 y 77 de la Carta Magna mediante los cuales se definen los requisitos para ser candidato presidencial, además de estipular el tiempo al que puede aspirar un futuro mandatario. Los acuerdos pretenden apoyar “una transición pacífica del poder dentro del marco constitucional”; no obstante, quedó claro que el presidente se quedará en el poder hasta las próximas elecciones presidenciales que se llevarían a cabo en septiembre próximo. Sin embargo, a pesar de que el jefe de Estado afirmó que no pretendía presentarse, el pueblo no parece aceptar sus condiciones y la plaza de la libertad volvió a ser el centro neurálgico de las masivas protestas contra el régimen.

Para sus vecinos, el desenlace de este acontecimiento puede dictaminar el futuro de varios países del Oriente Próximo, pues por un lado, la crisis de Egipto podría afectar el papel que venía cumpliendo en la zona de la frontera con Israel, en Gaza, y por otro, las repercusiones podrían hacer tambalear a los regímenes de los otros países; “la posible caída de Mubarak significa para otros presidentes del mundo árabe un destino similar”, afirmó Benjamín Herrera, profesor de la Universidad Javeriana. Para Israel por ejemplo, una posible victoria de los hermanos musulmanes sobre Mubarack podría significar el fin del acuerdo de paz que éstos han sostenido con Egipto durante treinta años: “no es que los observemos con atención, es que lo estamos viviendo. Es nuestra frontera sur y lo que pase allí nos afecta directamente” explicó una fuente oficial israelí.
Por otro lado, la crisis en Egipto ha logrado convocar a un gran número de expertos, periodistas, académicos y políticos a opinar sobre la situación del país y las posibles salidas a la crisis. Sin embargo, después de volcar sus ojos hacia al país árabe, el mundo los ha posado en Estados Unidos, su histórico aliado que hasta hoy ha intentado mantenerse al margen. En Egipto son varios los que han criticado las decisiones tomadas hasta hoy por el presidente estadounidense Barack Obama: “yo creo que (Obama) debió tomar precauciones el año pasado cuando tuvieron lugar las elecciones parlamentarias, pero pese a que hubo muchas advertencias, no vieron lo que venía. Y ahora es tarde”, afirmó un especialista del Medio Oriente al diario el Clarin de Argentina. Para otros, no ha sido incapacidad de proyectar a futuro lo que pasaría en Egipto, sino la ignorancia directa del gobierno estadounidense hacia las protestas del pueblo egipcio. Es claro que Estados Unidos ha sido un aliado importante para Egipto y el gobierno de Mubarak una pieza clave en la contención del islamismo en la región. Tal vez por eso es que el gobierno de Estados Unidos se ha demorado en proponer estrategias para la transición de poder y ha mantenido su apuesta firme en el ejército egipcio. Su estrategia hasta hoy se ha basado en persuadir a las Fuerzas Armadas de la importancia de permanecer neutrales, aunque es claro que ésta es una estrategia insostenible y que ya es hora de que el presidente y sus asesores se sienten a proponer mejores estrategias.

Lo cierto es que la situación se está volviendo inmanejable. Hasta hoy las protestas en la plaza de la libertad han dejado más de 300 muertos y unos 5.000 heridos. Y a pesar de que ya se abrió un espacio para el diálogo y la discusión, los egipcios parecen no ceder ni un paso hasta que Mubarak se vaya del poder; sin embargo Mubarack permanece aún reticente a ceder en algo más o incluso, adelantar su salida. Así mismo, la contención de una situación aún peor ha estado posada en las manos de un ejército, que con cada protesta pareciera alejarse más de su neutralidad y debilitarse con cada golpe. Lo que ya es un hecho es que el presidente se va, la pregunta es cuándo y qué tanto dejará como herencia para el nuevo gobierno. Lo único que se puede esperar es que con la ayuda internacional Egipto logre volver a la calma y que las elecciones de septiembre sean un primer paso hacia la democracia y el pluralismo, y no hacia un acercamiento al islamismo.