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El euro y la heterodoxia económica

May 17th, 2012 Rodolfo C. Rossi Posted in Alemania, Austeridad, BCE, BRICS, Default, dólar, Endeudamiento, España, Euro, eurobonos, Europa, FMI, Grecia, Heterodoxia, Irlanda, Moneda única, Portugal, Troika, UE No Comments »

rodolfoc.rossi@fibertel.com.ar

La idealización de la “moneda única”

La introducción del Euro como moneda única desde 1999, actualmente vigente  en 17 países de Europa (Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Eslovaquia, España, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Italia, Irlanda, Luxemburgo, Malta, Polonia, Portugal, Suecia), constituyó un esfuerzo hacia el intento de convergencia económica entre los mismos, sumamente valorable para nivelar en crecimiento a esa importantísima zona del mundo. Sin embargo, su integración por los países no fue homogénea. La economía de los mismos mostraba, comparativamente, diferentes niveles de competitividad, capitalización y financiamiento. Suprimidas las aduanas, el movimiento de capitales y de personas en la búsqueda de la igualdad de oportunidades no se produjo en la medida esperada. Al contrario. La identidad de los países bien capitalizados y competitivos, en su referencia a los países no tan competitivos, se intensificó.

En reuniones cumbres, se idealizó la constitución de un Estado Económico Europeo, con definidos límites a los déficits fiscales y también al endeudamiento externo de cada uno de los mismos.

La realidad económica y financiera

Es indudable que los países con alto nivel de capitalización en sus empresas presentan ventajas competitivas en relación a los países que, por diversas circunstancias, no tienen tales niveles de capitalización. Los países “fuertes” presentaban costos relativamente altos por la vigencia de niveles de salarios elevados. Se confiaba que, con la moneda única (o sea, sin la posibilidad de una variación competitiva de la relación cambiaria), capitales de tales países emigraran a países menos capitalizados y, en virtud de ello, mejoraría el bienestar social del conjunto. Con el conocimiento pleno de tal desigualdad económica, de difícil solución en el corto plazo, se creó un Fondo de Estabilidad Financiera dentro de la zona, para la provisión de asistencia financiera para los Estados en dificultades.

Sin embargo, la inconsistencia de carecer de una tesorería general y común para todos los miembros componentes de la zona del euro determinó que, fundamentalmente en los últimos años, los países pobres suplieran sus falencias de costos elevados, e incluso niveles de gastos fiscales excesivos, con préstamos soberanos y endeudamiento general. Es de hacer notar que, en el caso de los países con elevadas deudas, deben pagar por tal circunstancia primas de riesgo muy onerosas, y sus pasivos consecuentemente  se vuelven prácticamente insostenibles. La solución obvia frente a tal realidad traumática pero vigente sería que los países deficitarios refinancien sus deudas, en similares condiciones que las naciones  superavitarias. Parecería que el mejor modo de lograr tal objetivo fuera la emisión de eurobonos, con el respaldo conjunto de todos los países de la zona.

La crisis de los países débiles

Es de considerar que, en el camino de enfrentar la crisis de endeudamiento de los países débiles de la zona, existirían las siguientes principales opciones: la lisa y llana admisión de quiebra de los mismos, o los rescates sucesivos por parte del Banco Central Europeo, la Comisión Económica Europea y el Fondo Monetario Internacional; o la emisión de eurobonos, anteriormente comentada.

La quiebra y consecuente desplazamiento de algún país de la Zona Monetaria Única nunca se tuvo en cuenta en la tarea organizativa de la creación del euro, que culminó con el trabajoso Tratado de Maastricht (1992). En la experiencia reciente, en situaciones cercanas al “default” de países como Grecia, Irlanda, Portugal y aún España, los intentos de solución se realizaron con “rescates sucesivos”; Grecia con eliminación de deudas y con postergación de pagos, y en los otros países con relajación de los déficit acordados con las instituciones crediticias mencionadas (Troika).

Por el momento, se fue desplazando la idea de la emisión de eurobonos, considerando los países “fuertes” que el costo de la deuda unificada con los países débiles, en relación al costo de financiamiento de los poderosos, era significativo e injusto de soportar por estos últimos. En definitiva, los países competitivos debían cargar por tal identidad, con un mayor costo financiero.

Consecuente con ello, la opción primaria resultó ser “el de los rescates sucesivos”, con el obvio condicionamiento de un “ajuste económico”, rechazado con rebeldía por las poblaciones.

Soluciones frente a la realidad

Es de estimar que los países de la zona del euro presentan, en su generalidad actual, un déficit fiscal superior a seis puntos del PIB, que duplica lo acordado en sus fundamentos de Maastricht (3% del PIB). También su endeudamiento público supera – aunque no duplica – los límites originales (60% del PIB). La Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) se guían por el enfoque tradicional de austeridad, pero aun así deben resignarse a la compra masiva de bonos de los países debilitados, emitiendo por su parte bonos de estabilización y crecimiento propios, para evitar la caída en  “dominó” de la deuda soberana y de una buena parte de los bancos privados.

La extraordinaria política de liquidez del BCE determinó que su balance al 28 de febrero pasado supere los 3 billones de Euros (información oficial), con un crecimiento en los últimos 3 meses del 25%. En cifras brutas, la inyección monetaria otorgada por el BCE, a tres años de vencimiento, alcanzó 1,02 billones. La tasa de interés principal es del 1%, su mínimo histórico.

Ideas heterodoxas señalan que los recortes de gastos en una economía deprimida, simplemente, profundizan la depresión. Omiten considerar que, precisamente el dispendio excesivo de “vivir sobre el nivel de los ingresos”, la política de “riqueza sin trabajo”,  “el Estado popular gastador y consumista”, el crecimiento del empleo público, los sobreprecios de la obra pública, la vigencia de una relación cambiaria inadecuada a los niveles reales de productividad, fueron los grandes causantes de los desequilibrios financieros actuales que desde hace algún tiempo se están enfrentando, lógicamente, con las restricciones establecidas, para poder encaminar la economía de los países en particular y de la zona, en general, por causes normales.

La triste realidad

Por la estructura económica que tienen los países miembros, es de juzgar muy difícil el encarrilamiento de la actual zona del euro hacia una unidad económica global. Una solución inmediata de la crisis no existe. Una reducción de los gastos fiscales es dificultosa, por su propia rigidez y altos intereses políticos; una revisión de los ”estados de bienestar” y una reprogramación de las deudas soberanas, tomará un tiempo considerable. En tanto, se intenta evitar un deterioro aún mayor en el valor de los activos con una emisión monetaria de “salvataje” significativa, simultánea a políticas de austeridad de corto plazo y reducciones de los déficits fiscales, en el fundamental proceso de disminuir las desigualdades de costos reales entre los países solventes y los periféricos. La tarea es difícil.

Es probable que Grecia no pueda soportar más una alternativa de ”transformación” y vuelva a su moneda original y, por supuesto a través de una importante desvalorización de la misma, intentar ser competitiva y subsistir. Los mercados ya lo intuyen y, probablemente, el quiebre de ese país no será determinante para el futuro del euro que, de todas maneras, algo se resentirá. Pero, ¿qué pasaría si Alemania, cansada de financiar los desajustes de los países “gastadores con ansias de crecimiento”, dejara el euro? El euro se acabaría y Alemania podría incluso crecer aún mas. Más al estilo de los “BRICS” (Brasil, Rusia, India, China y, recientemente, Sudáfrica) con la franca apertura comercial hacia los países asiáticos. Precisamente, este enfoque ya se estaría notando en estos últimos meses. La heterodoxia es crítica de los países austeros y ahorradores que, en virtud de ello, crecen e invierten.

Las soluciones verdaderas

¿Qué solución o proyecto de solución muestran u ofrecen los “heterodoxos”? Parecería que gustan vivir de lo ajeno. Muestran la permanente necesidad de emitir moneda para gastar, para consumir, para desvalorizarla y “valer cada vez menos como país, como empresa, o como persona”. ¿Es ésa la solución a la paupérrima crítica que hacen a la crisis, producida por carencia de previsión y ahorro?

Es evidente que un futuro incierto para el euro determinaría una mayor revalorización del dólar americano y, con ello, una perspectiva probablemente mediocre  para las otras monedas y para las materias primas. La historia y el presente muestran la verdad en las ideas económicas clásicas y que, como tales, son siempre vigentes y originales, en los buenos tiempos y en los malos.

 

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Brasil: una voz de disenso en instituciones económicas internacionales

May 14th, 2012 Julian Gutierrez Posted in Angela Merkel, Banco Mundial, Barack Obama, Brasil, BRICS, Crisis financiera, Dilma Rousseff, FMI, Guido Mantega, Jim Yong Kim, OMC, Real brasileño, Selic No Comments »

jd.gutierrez248@uniandes.edu.co

La política exterior de Brasil durante la presidencia de Dilma Rousseff continúa un esfuerzo diplomático histórico para posicionar al “gigante sudamericano” como un actor relevante en el orden internacional, especialmente mediante su influencia y voz contestataria en instituciones multilaterales. En los últimos meses Brasil ha jugado un rol crítico en la forma en que instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) han comprendido y dado manejo a la crisis financiera internacional, pues la presidenta Rousseff considera que los flujos de capitales generados hacia países emergentes han generado una “guerra cambiaria global”.

Las políticas fiscales expansivas de los países desarrollados para enfrentar la crisis han generado una avalancha de capitales hacia los países en desarrollo, lo que eventualmente ha revaluado monedas como el real brasileño, que este año ha sufrido una apreciación de un 7% (alcanzando una cotización de 1,7 a 1,8 dólares), lo que implica una pérdida de competitividad internacional para la industria nacional y una desaceleración del crecimiento interno, que para 2012 se calcula en 2,7%. Las preocupaciones brasileñas se han visto traducidas en discusiones como las correspondientes al proceso de recapitalización del FMI, en las que Brasil condicionó sus aportes a una demostración por parte de países europeos de la adopción de medidas efectivas para afrontar la crisis y acelerar el proceso de redistribución de poder en la entidad, pactado en 2010; asimismo, Brasil ha sentado una voz de protesta por las incapacidades institucionales de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y ante jefes de Estado como Angela Merkel y Barack Obama.

Al igual que China, Brasil, en la voz de su ministro de finanzas, Guido Mantega, ha reprochado las recomendaciones del FMI al considerar que “insiste en dar consejos que nadie ha solicitado” sobre los controles a los flujos de capitales, que en el caso brasileño han incluido un fuerte descenso de la tasa de interés referencial Selic desde un 12,5%, a mediados de 2011, hasta un 9% actual, lo que ha implicado una presión gubernamental en los bancos privados para que tomen reducciones similares, especialmente sobre los costos de los créditos al público, con miras a estimular el consumo interno. Además, se ha mantenido una férrea política fiscal, decreciente del gasto público y con altos niveles de ahorro.

La discusión con el FMI y los países desarrollados en crisis sin duda afectó la posición oficial en la elección del nuevo presidente del Banco Mundial, en la que Brasil cuestionó la hegemonía de estadounidenses en la institución y la escasa capacidad de determinación que tienen los países emergentes en este tipo de decisiones. Brasil impulsó la candidatura del colombiano José Antonio Ocampo y, tras el retiro de éste, la de la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala. Aunque finalmente triunfó el candidato apoyado por Estados Unidos, Jim Yong Kim, la discusión sirvió para evidenciar que la hegemonía de los países desarrollados no es absoluta en estas instituciones y que, en el futuro, estas decisiones requerirán procesos más democráticos y plurivocales. Dentro del bloque BRICS, Brasil ha liderado un importante proceso de integración, que eventualmente podrá ejercer influencia global en los países en desarrollo, especialmente por iniciativas como la creación de un banco de fomento para el desarrollo.

Brasil ha afectado activamente la economía internacional mediante medidas que protegen el crecimiento nacional, reclamando a los países desarrollados responsabilidad sobre sus actuaciones sobre la crisis, y demostrando “con el ejemplo” cómo la disciplina fiscal es la mejor defensa contra las fluctuaciones económicas. La crisis bien podría ser una oportunidad para avanzar una agenda política que beneficie los intereses de las economías emergentes, particularmente a los BRICS, y una democratización de las instituciones internacionales.

 

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