De los jóvenes apolíticos
“Yo no hablo ni de política ni de religión”. “La política no me interesa; yo soy apolítico”. La tendencia de los jóvenes a estar al margen de los temas políticos, o a declarar abiertamente el aburrimiento que éstos les producen, sigue siendo significativa. La existencia de un buen número de grupos en Facebook promoviendo un “no a la política”, el reducido porcentaje-4%- de jóvenes interesados en la política en España[i] y la desconfianza que declara el 74.13% de jóvenes colombianos hacia el Congreso[ii] son prueba de ello.
La tendencia a la apoliticidad juvenil es entendible. No solo realidades cotidianas basadas en la cultura del “todo vale” y la corrupción son decepcionantes, sino que las dificultades en el acceso y en el ejercicio de una ciudadanía plena son mayores para la población juvenil.[iii]
Hay quienes aseguran que el fenómeno de la apoliticidad no es tan agudo, pues si bien los jóvenes no participan dentro de los escenarios formales, actualmente la participación juvenil es atípica y se da a través de redes sociales, y en torno a temas no tradicionales[iv]. No hay duda, por ejemplo, de que los movimientos surgidos en el 2011 alrededor del mundo (primavera árabe, indignados) estuvieron en buen grado alimentados por jóvenes moviéndose en redes sociales: las manifestaciones que tuvieron lugar por el proyecto de reforma a la educación en Colombia, fueron gestionadas a través de dichas redes y la Mesa Amplia Nacional Estudiantil MANE se dotó de un buen espacio de difusión a través de su blog[v], de Facebook y de Twitter.
Hay, sin embargo, una característica que comparten dichos movimientos: todos ellos reflejan luchas inmediatas[vi]. Llaman la atención sobre el tema objeto de reclamos pero no trascienden y se quedan reducidos al “ruido” producido, al status de Facebook o a la avalancha de tweets. Si bien estas herramientas son útiles para movilizar, están siendo empleadas en un terreno infértil en términos de ideas y propuestas, lo que incide para que pequeños grupos de líderes terminen cooptando los procesos y posiciones, y no se generen grandes cambios. La apoliticidad pues, radica más en eso; en la falta de adopción de posturas y de posiciones que impulsen debates profundos y de largo aliento; que contribuyan a decir, de manera informada y lúcida, lo que debe ser dicho. Los jóvenes egipcios de la primavera árabe, por ejemplo, no imaginaron que el férvido clamor de cambio se traduciría en un enfrentamiento electoral entre un sucesor de Mubarak y un candidato de la hermandad musulmana; un cambio muy leve sin grandes debates detrás.
De la política sin jóvenes
A grandes rasgos, la política está asociada a la corrupción, al clientelismo, a la politiquería y a los politiqueros. La política tiene una connotación negativa, según Hannah Arendt, de larga data[vii]. Pero trascendiendo los reduccionismos, la política otorga un espacio para la resolución de conflictos que puede terminar influyendo en los procesos de toma de decisión. La política, según Arendt, tiene un sentido: “que los hombres trataran entre ellos en libertad, más allá de la violencia, la coacción y el dominio, iguales con iguales, que mandaran y obedecieran sólo en momentos necesarios –en la guerra– y, si no, que regularan todossus asuntos hablando y persuadiéndose entre sí”. Para participar en este espacio –y finalmente competir por el poder- no solamente hay que tener conciencia de lo que ella entraña, sino que se debe contar con un saber político, que comprende también la adopción de posturas y generación de ideasinfluyentes, con poder de persuasión en el largo plazo, para contribuir en la construcción de una forma particular de concebir la sociedad.
Es en este sentido, que los jóvenes deberían generar menos ruido sin sentido y crear más conciencia de su potencial como actores políticos. Si bien la juventud no implica un cambio per se, una adecuada asociaciónentre las herramientas de la tecnología, la conciencia de lo que significa el espacio de la política – y dentro de él, la adopción de ideas y posiciones-,así comola necesidad de articulación con otros actores para triunfar en ese espacio, podría contribuir a que la juventud genere cambios y tenga un real peso político.
Declararse “joven apolítico” es el primer paso para que la política se siga reduciendo a las representaciones más comunes que de ella hay: corrupción y clientelismo. Se necesita de la participación de los jóvenes en la política. Pero de una participación inteligente, de propuestas, de generación de debates nacionales, de miradas amplias y que trasciendan las minucias en las que ésta se sumerge frecuentemente. Se necesita además de jóvenes con posiciones y posturas políticas: con ideas, con convicciones, dispuestos a defenderlas. Conocer la política es el primer paso para producir cambios inteligentes; la apoliticidad es la vía para hacer lo de siempre, lo que llama la atención pero no funciona.
[i]Altuna, Belén. “El joven apolítico”. El país. 2 de septiembre de 2009. http://elpais.com/diario/2009/09/02/paisvasco/1251920414_850215.html
[ii] “Con las instituciones ni pio”. Especial revista semana “Así son los jóvenes en Colombia”. Sabado 9 de junio 2012 http://www.semana.com/especiales/instituciones-ni-pio/178708-3.aspx
[iii] Zapata, Carlos. “La formación ciudadana en Medellín: ganancias en gestión social, incertidumbres en la acción política”. En: Hoyos, Agudelo. “Ciudadanía y participación: más fantasmas para la juventud”. Última Década, 19, 2003: 71-81. Último acceso: 22 de mayo de 2012. http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-22362003000200005&script=sci_arttext
[iv] Krauskopf, Dina. “Dimensiones críticas en la participación social en los jóvenes”. En publicación: Participación y Desarrollo Social en la Adolescencia. San José: Fondo de Población de Naciones Unidas 1998.Disponible en http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/cyg/juventud/krauskopf.pdf. pp 130
[v]http://manecolombia.blogspot.com/2012/05/carta-la-revista-semana.html
[vi] Serna, Leslie. “Globalización y juventud: en búsqueda de elementos para la reflexión”. Revista de estudios sobre juventud. 4 ed. 1998.
[vii] Estrada, Maria del Mar. “Política en Hannah Arendt”. Revista de Estudios Sociales. 31-01-2008. Pp 149 – 150 http://www.publicaciones.cucsh.udg.mx/pperiod/estsoc/pdf/estsoc07_2/estsoc07_2_137-358.pdf









