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De los jóvenes apolíticos y de la política sin jóvenes

June 14th, 2012 Angelica Polanco Posted in Bogotá, Estado, Estudiantes, Internet, Jóvenes, Latinoamérica, liberalismo, Movilizaciones, Oposición No Comments »

De los jóvenes apolíticos

“Yo no hablo ni de política ni de religión”. “La política no me interesa; yo soy apolítico”. La tendencia de los jóvenes a estar al margen de los temas políticos, o a declarar abiertamente el aburrimiento que éstos les producen, sigue siendo significativa. La existencia de un buen número de grupos en Facebook promoviendo un “no a la política”, el reducido porcentaje-4%- de jóvenes interesados en la política en España[i] y la desconfianza que declara el 74.13% de jóvenes colombianos hacia el Congreso[ii] son prueba de ello.

La tendencia a la apoliticidad juvenil es entendible. No solo realidades cotidianas basadas en la cultura del “todo vale” y la corrupción son decepcionantes, sino que las dificultades en el acceso y en el ejercicio de una ciudadanía plena son mayores para la población juvenil.[iii]

Hay quienes aseguran que el fenómeno de la apoliticidad no es tan agudo, pues si bien los jóvenes no participan dentro de los escenarios formales, actualmente la participación juvenil es atípica y se da a través de redes sociales, y en torno a temas no tradicionales[iv]. No hay duda, por ejemplo, de que los movimientos surgidos en el 2011 alrededor del mundo (primavera árabe, indignados) estuvieron en buen grado alimentados por jóvenes moviéndose en redes sociales: las manifestaciones que tuvieron lugar por el proyecto de reforma a la educación en Colombia, fueron gestionadas a través de dichas redes y la Mesa Amplia Nacional Estudiantil MANE se dotó de un buen espacio de difusión a través de su blog[v], de Facebook y de Twitter.

Hay, sin embargo, una característica que comparten dichos movimientos: todos ellos reflejan luchas inmediatas[vi]. Llaman la atención sobre el tema objeto de reclamos pero no trascienden y se quedan reducidos al “ruido” producido, al status de Facebook o a la avalancha de tweets. Si bien estas herramientas son útiles para movilizar, están siendo empleadas en un terreno infértil en términos de ideas y propuestas, lo que incide para que pequeños grupos de líderes terminen cooptando los procesos y posiciones, y no se generen grandes cambios. La apoliticidad pues, radica más en eso; en la falta de adopción de posturas y de posiciones que impulsen debates profundos y de largo aliento; que contribuyan a decir, de manera informada y lúcida, lo que debe ser dicho. Los jóvenes egipcios de la primavera árabe, por ejemplo, no imaginaron que el férvido clamor de cambio se traduciría en un enfrentamiento electoral entre un sucesor de Mubarak y un candidato de la hermandad musulmana; un cambio muy leve sin grandes debates detrás.

De la política sin jóvenes

A grandes rasgos, la política está asociada a la corrupción, al clientelismo, a la politiquería y a los politiqueros. La política tiene una connotación negativa, según Hannah Arendt, de larga data[vii]. Pero trascendiendo los reduccionismos, la política otorga un espacio para la resolución de conflictos que puede terminar influyendo en los procesos de toma de decisión. La política, según Arendt, tiene un sentido: “que los hombres trataran entre ellos en libertad, más allá de la violencia, la coacción y el dominio, iguales con iguales, que mandaran y obedecieran sólo en momentos necesarios –en la guerra– y, si no, que regularan todossus asuntos hablando y persuadiéndose entre sí”. Para participar en este espacio –y finalmente competir por el poder- no solamente hay que tener conciencia de lo que ella entraña, sino que se debe contar con un saber político, que comprende también la adopción de posturas y generación de ideasinfluyentes, con poder de persuasión en el largo plazo, para contribuir en la construcción de una forma particular de concebir la sociedad.

Es en este sentido, que los jóvenes deberían generar menos ruido sin sentido y crear más conciencia de su potencial como actores políticos. Si bien la juventud no implica un cambio per se, una adecuada asociaciónentre las herramientas de la tecnología, la conciencia de lo que significa el espacio de la política – y dentro de él, la adopción de ideas y posiciones-,así comola necesidad de articulación con otros actores para triunfar en ese espacio, podría contribuir a que la juventud genere cambios y tenga un real peso político.

Declararse “joven apolítico” es el primer paso para que la política se siga reduciendo a las representaciones más comunes que de ella hay: corrupción y clientelismo. Se necesita de la participación de los jóvenes en la política. Pero de una participación inteligente, de propuestas, de generación de debates nacionales, de miradas amplias y que trasciendan las minucias en las que ésta se sumerge frecuentemente. Se necesita además de jóvenes con posiciones y posturas políticas: con ideas, con convicciones, dispuestos a defenderlas. Conocer la política es el primer paso para producir cambios inteligentes; la apoliticidad es la vía para hacer lo de siempre, lo que llama la atención pero no funciona.


[i]Altuna, Belén. “El joven apolítico”. El país. 2 de septiembre de 2009. http://elpais.com/diario/2009/09/02/paisvasco/1251920414_850215.html

[ii] “Con las instituciones ni pio”. Especial revista semana “Así son los jóvenes en Colombia”. Sabado 9 de junio 2012 http://www.semana.com/especiales/instituciones-ni-pio/178708-3.aspx

[iii] Zapata, Carlos. “La formación ciudadana en Medellín: ganancias en gestión social, incertidumbres en la acción política”. En: Hoyos, Agudelo. “Ciudadanía y participación: más fantasmas para la juventud”. Última Década, 19, 2003: 71-81. Último acceso: 22 de mayo de 2012. http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-22362003000200005&script=sci_arttext

[iv] Krauskopf, Dina. “Dimensiones críticas en la participación social en los jóvenes”. En publicación: Participación y Desarrollo Social en la Adolescencia. San José:  Fondo de Población de Naciones Unidas 1998.Disponible en http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/cyg/juventud/krauskopf.pdf. pp 130

[v]http://manecolombia.blogspot.com/2012/05/carta-la-revista-semana.html

[vi] Serna, Leslie. “Globalización y juventud: en búsqueda de elementos para la reflexión”. Revista de estudios sobre  juventud. 4 ed. 1998.

[vii] Estrada, Maria del Mar. “Política en Hannah Arendt”. Revista de Estudios Sociales. 31-01-2008. Pp 149 – 150 http://www.publicaciones.cucsh.udg.mx/pperiod/estsoc/pdf/estsoc07_2/estsoc07_2_137-358.pdf

 

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El gobierno no sabe donde tirar la pelota, no ve el arco…

June 7th, 2012 Elena Valero Narvaez Posted in Argentina, Estado, Kichnerismo No Comments »

evaleronarvaez@hotmail.com

La falta de seguridad en lo que sucederá a mediano plazo, las dudas acerca de las opciones que se nos presentan, no saber cuál puede ser una medida correcta, se denomina incertidumbre. Eso es lo que sentimos la mayoría de los argentinos ante las erráticas decisiones y declaraciones de los miembros del gobierno. La incompetencia de quienes están a cargo,  nos está produciendo  un estado de desasosiego que puede convertirse en una reacción desfavorable hacia quienes creen que aún cuentan con  la mayoría. En los últimos días, la incontinencia verbal manifiesta, tanto de la presidente como  de su gabinete, muestra el desconcierto que también existe dentro del grupo gobernante.

Cristina Kirchner, rodeada de funcionarios y personas a las que no les cuesta doblar las rodillas, en señal de sumisión absoluta, para mantenerse cerca del poder, generador de favores  y dádivas, no advierte  que ya no le alcanza  el precio de la soja  para esconder la indisposición  moral,  política y económica de su gobierno. No aprecia la realidad tal cual es;  intenta crear desde el Estado una, a su medida. No sabemos si por falta de datos o, por ofuscación,  implementa  políticas que han llevado a nuestro país, en el pasado, al fracaso.

Se equivocó el Gobierno porque, su intervención, fue siempre en contra del mercado.  Está destruyendo las relaciones propias de la sociedad civil, incluso, las instituciones políticas y poniendo en coma, también, al sector más productivo: el agropecuario.

Pero, si el objetivo es lograr una sociedad tan genuflexa como sus ministros, se equivoca. Los argentinos ya ven que se les agujereó el bolsillo. El inducir,  autoritariamente, a la sociedad a que actúe según las necesidades de un Estado constrictor, ha provocado que muchos argentinos  hayan decidido salir a protestar a la calle. Los recientes cacerolazos denotan que están dejando la pasividad con que recibieron los golpes a la libertad de pensamiento, a hacer lo que quieren con el producto de su trabajo, y a poder llegar a fin de mes con el salario.

Los ciudadanos de nuestro país ya no son los mismos de antes. Recuerdan, como los alemanes, los períodos de índice de inflación elevada y sus consecuencias. Aprendieron que no se puede progresar sin buena información, por eso no aceptan la uniformidad de la opinión. También están al tanto de que los gobiernos que proponen autarquía económica, los conducen a comprar más caro y de peor calidad, que los controles de precios no funcionan y que los gobernantes que quieren perpetuarse en el poder lo hacen mediante promesas demagógicas, incumplibles.

Es de esperar que la oposición no copie las maneras antidemocráticas de los funcionarios actuales, la democracia no es la panacea pero, hasta ahora, es el mejor sistema político. Nos permite, mediante un medio pacífico como es el sufragio, sacarnos de encima a gobernantes incompetentes y autoritarios.

Debemos aumentar los grados de democracia, exigiendo a los que gobiernen que no eliminen o debiliten, una vez llegados al poder, a las fuerzas opositoras.  Y, que convivan con ellas, en armonía, permitiéndoles, por medio de la crítica, el control y la visualización del error a los actos de gobierno. Así se aprende.

El gobierno kirchnerista no se da cuenta que, sin condiciones para que la gente decida arriesgar su capital, no hay progreso económico.  La principal condición es la división de poderes: permite la acción electiva propia de las sociedades abiertas. La experiencia histórica nos muestra que un “plus” de Estado, como lo estamos teniendo en la Argentina,  lleva a la destrucción de valores democráticos, de la ética del trabajo y del deseo de emprender desafíos aceptando la competencia y la posibilidad del fracaso, como también, la de crear nuevas riquezas que  mejoran la calidad de vida en general.

Es de esperar que la reacción  opositora sea saludable y no se base, como hasta ahora, en el amor a la redistribución ejercida por el Gobierno.  Ello implicaría,  más de lo mismo.

No podemos vivir del Estado ni de la generosidad de los países ricos, debemos ser los artífices de nuestro propio destino. Abrir las puertas a la comunidad internacional, para que mediante un marco legal, que iguale a capital nacional y extranjero, puedan invertir en nuestro país.  El Estado, por su parte, tiene que cumplir su función esencial: hacer respetar el marco normativo liberal que impera en las bases de nuestra Constitución, derogando todas las leyes que no respetan sus principios.

Es la mejor manera de salvarnos de un posible naufragio.

Autora de “El Crepúsculo Argentino” Lumiere, 2006

 

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