Reforma al sistema pensional – cobertura y riesgo
Chile cambió su sistema pensional en marzo pasado. Esto es una gran noticia, teniendo en cuenta la controversia que generó el actual sistema una vez introducido en los años 80 y lo adulado que ha sido desde entonces al ser puesto en práctica alrededor del mundo.
Antes de la reforma, Chile tenía un sistema de reparto en el que los trabajadores de hoy contribuían al sistema y sus contribuciones (en la mayoría de los casos) pagaban las pensiones de los retirados de hoy. Uno de los principales problemas de los sistemas de reparto son los ajustes demográficos, durante los cuales más personas se retiran de las que entran en la fuerza de trabajo con lo cual se crean desbalances en la proporción de personas “soportadas” por los actuales trabajadores. El aumento en la expectativa de vida exacerba el problema aún más. En el sistema de cuentas individuales que Chile adoptó los trabajadores contribuyen a sus propias cuentas. Invierten sus contribuciones en fondos aprobados y regulados y obtienen retornos que serán pagados una vez se retiren. (Algo similar a los 401(k) o los fondos IRA a los que los estadounidenses están acostumbrados).
Cuando el sistema chileno cambió, los trabajadores que estaban en el sistema anterior recibieron bonos para pasarse al nuevo sistema. Los empleadores fueron exentos de hacer contribuciones obligatorias al sistema y a cambio debían incrementar los salarios comparativamente para asegurar que los niveles de compensación en su conjunto no se redujeran. Hubo otras idiosincrasias y términos, por supuesto, pero por encima de todo el sistema fue visto como exitoso. Si está interesado en los detalles de las políticas fiscales que acompañaron la reforma, los planes de ahorro nacionales, proyecciones actuariales, redes de seguridad mínimas, información sobre tasas de retorno a la inversión, etc, el Congressional Budget Office tiene un muy buen resumen acá.
En la medida en que otros países adoptaron o adaptaron el sistema, muchos de los debates no solo se centraron en los aspectos técnicos del mismo sino también en el hecho de que las reformas tuvieron lugar bajo un régimen autocrático (el de Pinochet) y como consecuencia no surtieron el escrutinio público y la negociación de las discusiones de política pública que una democracia demanda. De esta manera, países democráticos percibieron grandes barreras al introducir estos cambios frente a públicos reticentes y temieron que los diversos intereses diluirían las propuestas de reforma hasta el punto de afectar los beneficios. Ese en efecto fue el caso de Hungría a mediados de los años 90 cuando estuve allí y CIPE estaba cooperando con grupos locales, el Banco Mundial y USAID en propuestas de reforma en ese país.
Con el paso del tiempo la experiencia chilena proveyó, a pesar de todo, y varios países adaptaron sistemas similares. El cambio de esta semana es la primera gran reforma al sistema desde que fue implementado. Cubre un amplio vacío porque se extiende a los empleados por cuenta propia, amas de casa, vendedores ambulantes, campesinos y otros que no estaban en el sistema de ahorro pensional. El cambio le va a costar a Chile $2 mil millones por año y afecta a 600,000 personas – la mayoría de los cuales están en el sector informal el cual representa alrededor del 30% de la economía chilena. Este es un gran cambio. Por fortuna, Chile está en una posición economía fuerte para enfrentar este reto. Una política pública que evoluciona para adaptarse a las necesidades cambiantes del público refleja igualmente lo saludable de la reforma democrática en Chile. Al hacer este cambio, los líderes que han sido electos han respondido, como lo deben hacer.
El asunto que me inquieta, sin embargo, es si esta no es una cura temporal para el problema sino un arreglo completo. Si el cambio es requerido por el hecho de que muchas personas están en el sector informal y como consecuencia por fuera del sistema, acaso no sería mejor aumentar cobertura facilitando la entrada al sistema formal – lo cual generaría otro sinnúmero de beneficios- en vez de ajustar la cobertura improvisadamente aumentando los gastos del gobierno? Chile posiblemente no podrá cubrir gastos crecientes en tiempos holgados, pero puede seguir aumentando su crecimiento ayudando a los negocios a prosperar de manera legítima. La cura temporal ayuda en el corto plazo, pero espero que la infección subyacente no sea riesgosa en el largo plazo.
La Revista Perspectiva (#17) trae una reseña del libro La transformación económica de Chile, el cual fue reeditado recientemente. Según Luis Larraín, la nueva edición incluye “elementos que ayudan a entender mejor el contexto y dan una visión desde el presente”.
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