El malminorismo electoral
Así como la política bien entendida exige a los políticos lograr consensos pragmáticos, también supone que el electorado acepte que los candidatos ideales no siempre existen. En este sentido, el llamado “malminorismo electoral” compela a los votantes a elegir candidatos en base a su condición de mal menor en vez de elegirlos con plena convicción filosófica y/o espiritual. Paradójicamente, el malminorismo electoral ha recobrado especial notoriedad en las elecciones presidenciales de Chile y Uruguay, los dos países que poseen las instituciones democráticas más desarrolladas y estables de América Latina. En ambos países el número de votantes indecisos ha rondado el 10% y se aprecia una apatía general con los candidatos que en ambos países incluye ex presidentes y políticos de larga trayectoria. De hecho, en ambos países los votantes parecen haberse resignado a la “aburrida y mediocre democracia”, como la llama Mario Vargas Llosa, en oposición al jolgorio de utopías y nostalgias revolucionarias que engendran otros países con instituciones democráticas débiles.
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