El Eje Lima-Santiago
En pocos días más Chile tendrá un nuevo presidente en ejercicio, Sebastián Piñera, probablemente el hombre más rico de ese país fue elegido por la mayoría del pueblo chileno, dando inicio a un periodo histórico que afirmara todavía más la pulcritud de la democracia chilena. Pero como la campaña presidencial y las primeras declaraciones del presidente electo han demostrado, seria mezquino resumir los atributos de Sebastián Piñera refiriéndonos a él por su fortuna solamente.
Parece ser que estamos ante un hombre con las ideas tan claras como su franqueza. Aunque muchas veces las ideas que han recorrido América Latina enriquecieron nuestra cultura llevándonos hacia la vanguardia en las letras y las artes. La política y los encargados de ejercerla la han envilecido llevando el debate ideológico hacia la carencia de ideas y la grosera utilización de insultos. Nos han conducido hasta la marginalidad intelectual, ahí donde ideas, expulsadas del debate racional en cualquier otra parte por merito propio, han encontrado un albergue, un santuario que sus custodios han construido sistemáticamente reduciendo la democracia a una forma de elección y olvidando que demanda principios de gobierno. Un caso patético, el gobierno venezolano.
Esas circunstancias sin embargo, han consolidado un bloque opositor que representa la sensatez económica, la alternancia en el poder y el respeto por las libertades en países como Perú, Colombia y Panamá. Sebastián Piñera con admirable e inesperada precisión, con aplomo y severidad, ha manifestado lo que la decencia más elemental obligaba decir hace mucho tiempo: “Yo tengo muchas diferencias con la forma en que se están manejando los temas públicos en Venezuela” dijo. Con esas palabras, el doble rasero cultivado con ahínco por su antecesora parece haber abandonado La Moneda junto a la Concertación.
Chile puede con Piñera y con el Perú, alcanzar un liderazgo continental que acabe con las pretensiones del Socialismo del siglo XXI, puede contar con el Perú para formar la bisagra inquebrantable ante populismo y al atraso, un eje al que puede sumarse Colombia y Panamá donde también se vislumbra un camino auspicioso para la Democracia. Alan García tiene por delante algo más de un año de relaciones diplomáticas con el nuevo presidente chileno y la oportunidad de fortalecer una relación productiva que responda eficazmente a la demagogia, artimaña vieja -y no por ello en desuso- de la izquierda latinoamericana, esa que siembra infamia, recoge el descontento y la impaciencia y sin ruborizarse pasa por encima de la ley y la reproduce a su antojo.
Hay una satisfacción perversa e imbécil en quienes intentan ver en las recientes imágenes de saqueos en Chile una manifestación de sectores inconformes con el rumbo de un país que exitosamente ha disminuido la pobreza integrándose a la economía global. Debieran ellos, los que han hecho de la incoherencia una religión, una forma de ser, decir y omitir, observar que donde el socialismo se ha instalado no hace falta un cataclismo para arrojar a las calles la bajura humana, el desconcierto, la delincuencia, la escasez y los apagones.
Lo que el Perú y Chile llevan en su destino, escrito, no en los tanques y si en los objetivos comunes, debería ir más allá del fallo judicial que resuelva el tribunal internacional de la Haya sobre el litigio limítrofe entre los dos países. En los últimos meses la integración económica a ambos lados de la frontera se ha expandido casi proporcionalmente al decaimiento en la relación de los Estados.
El sector privado cuyos intereses son seguramente discutibles cuando se cobijan bajo la sombra de los gobiernos, galopa velozmente y sin la corrupción que ronda los tambores de guerra, ha conseguido frenar los ímpetus de los que promueven un escenario bélico para seguir ensanchando los uniformes. Si tenemos evidentes pruebas de que el intercambio voluntario de peruanos y chilenos es un testimonio del deseo de obtener beneficios en cooperación mutua y si los gobiernos atienden la voluntad de sus pueblos protegiendo esos emprendimientos, porque no creer que las ambiciones de Sebastián Piñera de emancipar a Chile del subdesarrollo hacia el 2018 podrían ser también las ambiciones de peruanos y americanos del sur y centro que anhelamos ver llegar ese día.
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.









March 6th, 2010 at 10:02 pm
Muy buen articulo!.. Gracias por el analisis!
March 15th, 2010 at 1:03 pm
¿EJE LIMA – SANTIAGO . . .?
El tocar analíticamente la dinámica chilena, merece ciertamente algo de detenimiento, aún cuando lo pasemos sólo de relancina o muy tangencialmente, vr.gr :
1. Concebir el relevo de Michelle Bachelet por Sebastián Piñera, de ninguna manera significa alternancia en el poder, todo lo contrario es la continuidad del régimen anterior. Me explico, si contrastamos la composición de las alianzas políticas de ambos cuando fueron candidatos; la primera a pesar de haber sido víctima de la dictadura Pinochetista, convocó a concertación a todos los matices de la socialdemocracia junto al socialcristianismo chilenos y algunos partidos conservadores (La Izquierda Unida chilena y el PC de Ch. tuvieron presencia irrelevante en su período)., el segundo concertó con los más connotados partidos de la derecha chilena además de Renovación Nacional en un manifiesto despliegue de poder publicitario amparado en su ingente fortuna personal. En Brasil el caso fue muy distinto, a pesar de sus aspiraciones tibias de una izquierda tolerante; lleva en la Vice presidencia a José Alencar un connotado representante de la burguesía y el poder económico, no obstante pudo concertar con toda la socialdemocracia los socialistas y el PC de B.(Liderados por el PT y la Central Única de Trabajadores).
2. Se manifiesta palmariamente la preexistencia de una terrible confusión ideológica y política en los conceptos de Gobierno y Poder; vr.gr Al Gobierno acceden las Organizaciones políticas que resulten exitosas en las contiendas electorales o por vías insurgente, este se manifiesta por una autoridad ejercida en plazos establecidos, mayormente respondiendo a intereses de clases o segmentos sociales en competencia; ceñida a un marco Constitucional existente. En cambio el Poder determina el control omnímodo sobre su superestructura, el país, la nación, sus recursos y su población, bajo su libre albedrío; a él accede la clase social que dialécticamente la va a ejercer de acuerdo a una determinada Formación socioeconómica (Modo de Producción), su permanencia está sujeta a los ciclos económicos de auge y depresión y a la presión de las Fuerzas Productivas sobre los Medios de Producción, que si estas no alcanzan oportunamente el equilibrio, devienen en un relevo histórico, que generalmente es traumático.
3. Omitir tal vez voluntariamente la inherencia existente entre Chile y sus ambiciones geopolíticas, es la mayor ingenuidad imaginable, es desconocer la historia de los antecedentes y las consecuencias de la conflagración del 79, es decir la pugna de una burguesía emergente chilena y sus aspiraciones expansionistas por las riquezas de Bolivia y el Perú (Salitre y minerales) a cuyas débiles burguesías había que arrebatarlas apoyadas por la hegemonía económica inglesa. Hoy Chile es la punta de lanza del imperialismo Norteamericano, es decir en una palabra el “Israel latinoamericano”. Ahora bien, será menester contrastar los resultados de la lucha contra la pobreza en un país de ingentes recursos (explotados estratégicamente por su Estado) para una población de tan sólo 16 millones; frente al Perú con una población de 30 millones y cuyos recursos fueron sistemáticamente entregados a la voracidad de las transnacionales, especialmente con estos últimos tres Gobiernos que desvergonzadamente se muestran apátridas y super neoliberales mucho más que sus impulsores que reservan para sí la explotación de sus recursos estratégicos (energía, minerales, petróleo, comercio, agricultura, etc) a quienes los protegen (subsidios). ¿Destino común? ¿entre Chile y Perú, por favor, donde vives?.
March 17th, 2010 at 6:00 pm
Mi respuesta a la critica anterior:
1. La presencia irrelevante de Izquierda Unida y el PC en la Concertación (socialistas, socialdemócratas, socialcristianos y radicales) se debió a su irrelevancia política, declive inversamente proporcional a los éxitos económicos del gobierno de Pinochet. Sin importancia, no cabía mayor presencia. Contar con ellos era una suma que restaba. Piñera gano con la Coalición por el Cambio integrada por Alianza por Chile, UDI, Renovación Nacional y Chile Primero, como lo más significativo, no veo la “continuidad” del régimen de Bachelet en los socios de Piñera. En Brasil, es saludable el hecho de la disposición de la izquierda de apoyarse en José Alencar, quizás por ahí se explica la ausencia de disparates en su política económica. No veo la descalificación de Alencar y la mención a la “ingente” fortuna de Piñera si no como pura envidia. Ambos son emprendedores que hicieron su propia fortuna. ¿Criticable? Quizás para el Marxismo.
2. Popper decía que si alguien no era capaz de explicar algo con sencillez entonces no debería decir nada. No parece que ese buen consejo se haya expandido lo suficiente. La critica señala una “terrible confusión” en los conceptos de gobierno y poder pero no explica donde reside tal confusión. Luego finaliza el concepto de gobierno diciendo: “una autoridad que responde a intereses de clases o segmentos sociales en competencia” reduciendo a los hombres a una especie de amasijo homogéneo donde la individualidad no existe y tampoco sus acciones, absolutamente distintas de acuerdo a nuestras propias valoraciones. El error de entender al hombre como un colectivo homogéneo se vuelve escandaloso cuando afirma la critica que la “clase social accede al poder y lo ejerce de acuerdo a una formación económica cuya permanencia está sujeta a los ciclos…” viejo concepto marxista de la Lucha de Clases que sobrepone los intereses del grupo (relativo, porque al final es siempre una cúpula) a la libertad individual de todos.
3. Desconocer la historia es no caer en la cuenta de que el Comercio y la integración económica han sido herramientas mucho más eficaces que cualquier otra para mantener la paz en muchos lugares del mundo. (ejm: Europa) Difícilmente podría Piñera emprender un conflicto con el país donde Chile tiene millonarias inversiones y viceversa — porque la influencia económica del Perú en Chile crece sólidamente. Que Chile sea el “Israel latinoamericano” no me parece peyorativo al contrario, (ya muchos países desearían tener la calidad de vida de Israel) y por lo demás significaría que el resto de la región está compuesta por regímenes teocráticos y autoritarios que albergan organizaciones de terrorismo internacional y están obsesionados con borrar a Chile del mapa. No es el caso. A continuación la crítica ostenta el desconocimiento más grave y más típico de la izquierda latinoamericana. Que la cantidad de recursos naturales es la fuente de desarrollo económico. Lo siento pero no. Chile no redujo su pobreza debido a la “estratégica” utilización de la explotación del cobre (de hecho CODELCO está salpicada de corrupción y reclamos laborales). Si no a la eliminación de regulaciones que frenaban los emprendimientos de los chilenos, al respeto de los derechos de propiedad, al fortalecimiento de sus instituciones, a su integración comercial con el mundo. Es decir al hecho de abrazar la economía de libre mercado hace varios años y al capital humano que se cimento sobre ella. Si los recursos naturales fueran determinantes para el desarrollo, lugares como Suiza, Israel, Hong Kong, o Irlanda, serian los más pobres y el continente Africano el mas prospero. Revise.