Referendo constitucional en Bolivia, extensión del conflicto
Bolivia se embarca a la aprobación (o rechazo) de una nueva constitución. Contrario a Ecuador que en el mes de septiembre decidirá sobre el destino de su tercera constitución en menos de doce años, la nueva constitución boliviana reemplazará la “caduca” carta magna de 1967 (reformada por última vez en el 2004). No soy constitucionalista, ni abogado pero al leer los primeros artículos de los dos textos me queda una impresión. La nueva constitución, en caso de que sea aprobada, parece sustituir una religión por otra. La actual constitución es confesional (“el Estado reconoce y sostiene la religión católica”; la próxima tiene una cosmovisión indigenista y comunitaria. La actual constitución define a Bolivia como un Estado Social de Derecho; la nueva agrega los adjetivos plurinacional y comunitario. Sin duda, el ejercicio comparativo es interesante. La nueve carta sin embargo no resolverá la dinámica confrontacional de Bolivia aunque esa sea la esperanza de muchos. Las constituciones entre prolíficas en adjetivos no son per se la solución a todos los males.
Lo que es claro, en palabras del mismo Evo Morales, es que la nueva constitución va en detrimento del individuo. El Estado tendrá un rol coordinador en varios de los aspectos de la vida diaria de los bolivianos, en particular los asuntos económicos. En efecto, desde la nacionalización del gas el gobierno nacional ha tenido importantes recursos a su disposición y la inversión privada se ha visto afectada.
Por decreto, Evo Morales llamó a un referendo el próximo mes de diciembre. El referendo no se convocó a través del Congreso, porque la oposición lo domina. La constitución, por su parte, es ampliamente rechazada por la oposición porque durante la Asamblea no se tuvo en cuenta su voz y primó el proyecto presidencial. Los prefectos regionales opositores, en respuesta al llamado a referendo, avisaron que no permitirán que los comicios se realicen en Santa Cruz, Pando, Beni y Tarija.
La confrontación continuará inevitablemente. Ni la nueva constitución, ni el estilo de gobierno boliviano, contribuyen a reducir los conflictos en el país. La democracia plebiscitaria, bajo el argumento de que es directa y le permite al pueblo involucrarse en los asuntos del Estado, no es el camino que contribuirá a reducir las divisiones en Bolivia.
Unos meses interesantes se avecinan para Bolivia, y para la región.
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