¿Qué diría el Barón de Rio Branco?
José Maria da Silva Paranhos, Jr., el Barón de Rio Branco (Abril 20, 1845 — Febrero 10, 1912), considerado el padre de la diplomacia brasileña probablemente no estaría muy contento con la actual política externa de Brasil. El Presidente Lula ha interrumpido la tradición que caracterizaba a la diplomacia brasileña, la imparcialidad. Dicha política la llevo a ser reconocida por su pragmatismo y a ser considerada como la diplomacia más sofisticada de la región. Sin embargo ahora todo indica que la política exterior brasileña conlleva un sesgo ideológico que ha inhibido su credibilidad en la mediación de conflictos.
Ahora Itamaraty bajo el mando de Celso Amorim tiene lazos cercanos con Fidel Castro, Hugo Chávez, Mahmoud Ahmadinejad y algunos presidentes cuestionables (en el ámbito democrático) en África. Es así que a pesar de la buena relación que Uribe tiene con Lula, el vínculo cercano de la diplomacia brasileña con Chávez claramente incomoda a sectores del gobierno colombiano. Dicha desconfianza colombiana ha limitado la capacidad brasileña de mediar la actual crisis entre Bogotá y Caracas. Sin embargo Uribe a lo largo de su mandato ha adoptado una política pragmática hacia Brasil ya que el país carioca representa buenas oportunidades de negocios. Además el presidente Lula puede ser un aliado para Colombia ya que la estabilidad de la región forma parte de sus intereses.
La desconfianza, sin embargo, no ha sido completamente superada. No hay duda de que cierta solidaridad activa por parte de Brasil con Chávez (no es sólo simpatía) contamina la relación con Bogotá. Sin embargo es importante notar que la molestia colombiana se concentra en la esfera diplomática. En el ámbito militar, las Fuerzas Armadas brasileñas y colombianas mantienen una cercana cooperación y existe una relación fluida entre el ministro de defensa brasileño (Nelson Jobim) y su par colombiano. Es así que en 2009, Jobim declaro que si rebeldes de las FARC intentaran entrar a Brasil “serían recibidos con balas”. Partiendo de ese comentario no es difícil entender que dicha amenaza fue de más agrado para los colombianos que las declaraciones que hizo Lula el viernes pasado cuando indico que, “Las FARC son el problema de Colombia y creo que debe ser manejado por Colombia”.
La lucha contra la guerrilla colombiana debería ser un punto de interés de todos los gobiernos de América del Sur, tanto por las ramificaciones en el ámbito de seguridad como económico, ambos afectan la estabilidad regional. Infelizmente este no es el caso, los que deberían tomar la iniciativa no lo hacen o toman partido bajo afinidades ideológicas. Las FARC representan una amenaza a la democracia y estabilidad que es requerida para que las sociedades prosperen. Ignorar este mal seguramente tendrá ramificaciones regionales negativas en el mediano y largo plazo.
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