El poder de #YoSoy132
carolina.gomez@revistaperspectiva.com
@MariKro
La semana pasada un actor que nadie esperaba irrumpió en el hasta ahora estático y predecible panorama de las elecciones mexicanas. No fueron la violencia ni el crimen organizado, como muchos temían, fueron los jóvenes alimentados por las redes sociales.
Las mismas que el año pasado demostraron su poderío como catalizador del descontento en lugares tan disímiles como distantes, en Oriente Medio, Europa y Estados Unidos, hoy en día continúan exhibiendo su valor como espacio de participación que ofrece oportunidades únicas de articulación, sobre todo entre la población más joven, aunque no privativo de ella. No en vano, muchos medios han catalogado este levantamiento juvenil como la “Primavera mexicana”.
#YoSoy132 es la forma en que miles de jóvenes mexicanos empezaron a identificarse, en solidaridad con un grupo de 131 estudiantes de la Universidad Iberoamericana, quienes protagonizaron una protesta en contra del candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, y acto seguido fueron llamados “porros” (infiltrados, rompe marchas) y “acarreados” (manifestantes falsos pagados por algún partido político) por los principales colaboradores del político. Los estudiantes realizaron y viralizaron un video reivindicando su posición.
Pero el nombre tiene más implicaciones que ayudan a reconocer la verdadera naturaleza de este movimiento que en pocos días creció como la espuma, hasta reunir –sólo en el DF– a más de 15.000 estudiantes el 23 de mayo pasado. Utiliza el lenguaje propio de una de las redes sociales más famosas del momento (Twitter), involucrando el numeral al concepto inicial para convertirlo en hashtag y lema a la vez. De hecho, la propia plataforma de difusión funciona como una red social en sí misma: http://yosoy132.mx/.
Gracias a este sistema, decenas de grupos de acción pacífica han logrado acoplarse en células organizadas a lo largo y ancho del país: en Jalisco, Veracruz, Baja California, Nayarit, Guanajuato, Puebla, Tamaulipas, Sinaloa, Chihuahua, Michoacan, Oaxaca, Hidalgo, por citar sólo algunas.
Cuando falta tan sólo un mes para las justas electorales, surgen varios interrogantes y distintos escenarios posibles:
- ¿Se mantendrán firmes los estudiantes frente a la manipulación de los monopolios de medios (Televisa y TV azteca) y sus alianzas políticas?
- ¿Se decantarán por el voto útil, trasladando el capital político de un censo electoral de 24 millones de jóvenes a favor de López Obrador, el candidato del PRD, que menos relación tiene con los dramas pasados y presentes del país (autoritarismo, ola de violencia, corrupción)?
- ¿Apostarán por la abstención, el voto en blanco o el voto informado?
- ¿Tendrá futuro el movimiento más allá de las elecciones del 1 de julio?
- ¿Cuál será su posición frente a otros temas como el medio ambiente, la cultura y los feminicidios?
Y finalmente… ¿Correrán la misma suerte de sus predecesores: los indignados españoles del 15-M y los estadounidenses de Occupy Wall Street que no han conseguido ninguna incidencia significativa en votos? O, por el contrario, ¿conseguirán una auténtica revolución de las costumbres, al mejor estilo de sus pares del norte de África?
Parafraseando a un estudiante de la Unam para el diario El País, los jóvenes están listos para dejar su huella… Ojalá no sea solamente en su credencial electoral.
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