Sobre la reciente elección de magistrados en Guatemala
¿Qué habría sucedido con la elección de magistrados de no haber existido la Ley de Comisiones de Postulación? Aunque se sabe bien que los “hubiera” no existen, es claro que sin dicha ley hoy estaríamos mucho peor. En lo que respecta a la Corte Suprema de Justicia (CSJ), estaríamos 13-0 a favor de la impunidad y la corrupción. Aunque el resultado obtenido no es el mejor, al menos no estamos en una situación en la que no haya esperanza alguna. No se puede olvidar que intereses muy poderosos siempre se opusieron a esta ley. La aplanadora oficial fue uno de ellos, tal y como lo demuestran las actitudes adoptadas por sus líderes durante el mes de abril de 2009. En ese entonces el presidente del Congreso sostenía que tenía temor que si se aprueba la Ley de Comisiones de Postulación, se entrampe la agenda fiscal, alegando que esa ley ya está en tercera lectura y ha estado siempre encabezando la agenda del día. Posición con la cual coincidía Colom, quien, según Fernando Barillas, vocero presidencial, “ha(bía) dado el espaldarazo (a la ley), pero en (ese) momento de crisis económica la prioridad es la reforma fiscal”.
Más claro no canta un gallo. Para el gobierno de turno lo importante siempre eran otros temas. Los impuestos antes la institucionalidad jurídica del país. Interesantes y curiosas prioridades las de algunos políticos y tecnócratas. El partido de turno nunca tuvo mayor interés en la ley, tal y como lo demuestran las declaraciones del presidente del Congreso cuando sentenciaba que aún “si la ley fuera aprobada serviría para la próxima elección”, debido a que el carácter retroactivo no pesaría sobre esta convocatoria.”
La oposición era obvia. Los adversarios tenían todos los medios para ganar la batalla. A todas luces era un enfrentamiento en condiciones de desigualdad. Sin embargo, se luchó dignamente y de buena fe y se alcanzó una victoria parcial. En ausencia del movimiento ciudadano, especialmente de los jóvenes, que hicieron suya esta lucha estaríamos hoy ante una CSJ totalmente politizada y vendida a intereses particulares.
No se ganó la batalla como nos hubiera gustado, pero se comprobó que si trabajamos unidos es posible alcanzar resultados que parecen imposibles, pues la participación de la ciudadanía dándole seguimiento al funcionamiento de los poderes públicos, evita su politización y venta a intereses de particulares. La elección de magistrados es tan solo la primera de muchas otras batallas en donde tendremos que seguir luchando juntos.
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