Narciso e impopular

Daniel Ortega, Nicaragua, FSLN, sandinistaDos columnas de opinión publicadas en los últimos días hacen un interesante análisis sobre la forma en que Daniel Ortega conduce Nicaragua. Pedro Chamorro B., en el diario nicaragüense La Prensa, se refiere a las celebraciones de la conmemoración de la revolución sandinista así:

La celebración del 29 aniversario de la revolución sandinista pasará a la historia como el más grande acto de derroche narcisista que jamás se haya visto en Nicaragua, todo con fondos del erario. Por más grande que haya sido la convocatoria, la plaza llena, nada justifica que un país pobre como Nicaragua derroche tantos fondos en megavallas de propaganda política y culto a la personalidad del presidente Ortega.
(…) Mientras el país se debate en una crisis económica sin precedentes en los últimos 17 años, con una tasa de inflación el doble que en los países centroamericanos y los precios más caros de los hidrocarburos y los alimentos, el presidente [Daniel] Ortega (…) [no ha planteado] cómo va resolver esta crisis económica.

Referente a la política externa, en el diario colombiano El Tiempo Natalia Springer afirma:

La política exterior de Daniel Ortega se parece mucho a su manera de conducir los asuntos del Estado: en mayo pasado consiguió anular la personería jurídica de dos de los más importantes partidos de oposición, el Partido Conservador y el Movimiento Renovador Sandinista. (…)
Cuando la delegación de la Unión Europea en el país expresó su preocupación por el asunto de los partidos, Ortega respondió en términos insolentes y su Vicecanciller aclaró que cualquier diplomático extranjero que interfiriera en asuntos internos sería considerado persona “no grata”.

El presidente nicaragüense, a cambio de fortalecer lazos con gobiernos democráticos, envía saludos laudatorios al líder histórico de la guerrilla fratricida Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) con motivo de su deceso, concede asilo a miembros de esa misma organización y mantiene reuniones con ellos.

Mientras tanto, los niveles de popularidad del presidente Ortega se mantienen por debajo del 50%. En la misma encuesta publicada por Economist Intelligence Unit, un poco más del 40% de los nicaragüenses creen que su gobierno es democrático y se apega a las leyes y 60% creen que el país va por mal camino.

Es efectivamente el socialismo del siglo XXI la senda del progreso en Nicaragua, y la unidad de los pueblos en América Latina?


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