REVISTA LATINOAMERICANA DE POLÍTICA, ECONOMÍA Y SOCIEDAD
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  El Estado arrollador
Rodolfo Rossi. Argentina
Economista, expresidente del BCRA
2012-07-31
 

 

Mensurar la confianza en una economía e incluso prevenir un futuro probable puede hacerse a través del análisis de su moneda y de sus agregados. La moneda argentina desde el 31 de diciembre de 2009 hasta el 30 de junio de 2012 evolucionó de la siguiente manera:

La base monetaria (circulación monetaria y cuentas corrientes en pesos) creció en $121.808 millones, lo que constituyó un aumento del 99,6% (fuente: estado de activos y pasivos del BCRA). Representa el 11,2% del PIB. Los depósitos del sector privado no financiero crecieron el 103,9%. Representan el  14,9% del PIB. Los depósitos en US$ bajaron el 16,3%.  Los préstamos al sector privado en pesos tuvieron un  aumento del 132,1% y en US$ un aumento del 51,7%. Representan el  14,0% del PIB. El financiamiento del Banco Central (BCRA) al Tesoro creció en $137.391  millones. Síntesis de lo ocurrido en los últimos 30 meses al 30 de junio de 2012: 1) fuerte expansión de la base monetaria; 2) la citada expansión fue producto del financiamiento del Banco Central al sector público; 3) las reservas internacionales informadas por el BCRA bajaron en US$1.281 millones (fuente: balance cambiario BCRA); 4) los depósitos del sector privado en $ crecieron en nivel relativo inferior a la emisión de moneda, lo que significa que en US$ sufrieron una caída; 5) los préstamos al sector privado aumentaron en porcentaje significativo, desde el bajo registro existente al 31/12/2009.

En su cotejo con otros índices bancarios latinoamericanos (fuente: FELABAN y FMI), Argentina registra muy bajos niveles de relaciones de depósitos/PIB (promedio general: 41,3%; Argentina: 15%); de préstamos/PIB (promedio general: 39%; Argentina: 14,0%); de medios de pagos (M2)/PIB (promedio general: 40,5%; Argentina: 18,2%), y de recursos financieros totales (M3)/PIB (promedio general: 50,1%; Argentina: 28,8 %). 

Atribuible a tal bajo desempeño del sector financiero argentino es la “carencia de confianza en la moneda nacional”, el arrollador crecimiento del financiamiento fiscal por el Banco Central y la reducida retribución que recibe el ahorrista-inversor, que incluso no alcanza a los niveles de inflación real (precios implícitos). En el citado periodo, según información del balance cambiario del BCRA, la formación  de activos externos de residentes argentinos se incrementó en US$34.519 millones. Tal monto al 30/6/2012 equivalía a $156.208 millones, o sea el 48% del monto de los depósitos privados.

Nuestro país está perdiendo capital. Se está desmonetizando la economía. Es notable observar que en valores relativos -al aumento de la emisión monetaria-, la respuesta es la reducción de los depósitos. Como consecuencia de la reducida trayectoria de los depósitos, que en general son de corto plazo, los préstamos muestran un nivel reducido en su cotejo financiero regional. En virtud de ello, la diferencial de tasas activas/pasivas es elevada y el crédito a largo plazo es muy reducido. La baja monetización tiene su repercusión en el crecimiento real. Es de hacer notar que el ahorro que no se deposita en los bancos, no puede ser remplazado por la emisión monetaria.

Inicialmente, como consecuencia de la emisión monetaria sin respaldo, bajan los intereses y tal mayor emisión se asemeja al ahorro genuino. Pero, inmediatamente la mayor cantidad de moneda tiene repercusión en los precios. El Banco Central o el Gobierno –en su actual política-  puede influir sobre la creación de dinero nominal, pero muy poco sobre la creación de dinero real que depende en su mayor parte de los agentes económicos. La modificación a la CO del BCRA de marzo de 2012 es la exteriorización del futuro inmediato económico que tendría la economía argentina. La eliminación como “misión primaria y fundamental del Banco Central de preservar el valor de la moneda”, remplazándola por la ambigua finalidad de “promover en la medida de sus facultades y en el marco de las políticas establecidas por el Gobierno nacional la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”; la flexibilización y aumento de los adelantos transitorios que se podrá hacer al Gobierno nacional; la eliminación de la taxativa norma sobre las reservas de libre disponibilidad que “tenían que ser por lo menos al 100 % de la Base Monetaria”, y su remplazo por las “que determine el Directorio”, son determinantes de la pérdida de autonomía funcional del Banco Central y de la flexibilización monetaria que estamos viviendo.

Al respecto, es de apreciar que las crisis económicas se producen, no por carencia de demanda, sino por efecto del exceso de oferta monetaria. Tratar de resolver problemas mediante la emisión monetaria, prolonga la crisis y profundiza la recesión.

Las múltiples funciones asignadas al BCRA por su nueva CO están eclípticamente basadas en la teoría de la Escuela Histórica Alemana, que con G.F. Knapp, sostenía que la moneda era una “simple creación del Estado”, que finalmente todo lo regulaba, lo dirigía, o lo imponía. Lógicamente con ello, el mecanismo del mercado es disfuncional y el ahorro desaparece conjuntamente con  la monetización y la capitalización privada. El autoritarismo económico siempre se traslada al autoritarismo político.

Monetizar la economía es capitalizarla. Desmonetizar, con la creación de “falsa” moneda, es empobrecerla.

Argentina carece de un sistema financiero construido sobre sólidos cimientos basado en la confianza de su moneda.  No existiendo estabilidad monetaria y con la “administración estatal” de una buena parte de la economía, resulta poco sencillo confiar en la moneda nacional. 

 
     
     
 
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