Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el desempleo siguió bajando en la región en 2012 hasta situarse en el 6,4%, la tasa más baja desde que la organización empezó a medir este indicador, hace 22 años. Sin embargo, esta tasa se presume a costa del subempleo y el empleo informal. En su opinión, ¿qué explica la altísima precariedad laboral en Latinoamérica y cuáles son las medidas necesarias para mitigarla? El nivel de informalidad y subempleo en las economías está relacionado con su nivel de desarrollo. Por esta razón, los países ricos no padecen niveles altos de informalidad y subempleo. Sin embargo, hay algunos países o algunas regiones que presentan niveles de informalidad más altos de lo que cabría esperar para su nivel de desarrollo. Y dentro de esa categoría están la mayoría de los países latinoamericanos, salvo pocas excepciones como Chile. ¿Qué explica el excesivo nivel de informalidad para nuestro nivel de desarrollo? Hay razones diferentes en los distintos países. En algunos, el problema principal tiene que ver con gravámenes muy altos al empleo formal. Eso desestimula a las empresas formales a emplear trabajadores con baja calificación. En consecuencia, bota a los trabajadores más pobres y menos calificados a la informalidad o al desempleo. Esto, por ejemplo, ha estado sucediendo en Colombia, que hasta hace poco tenía uno de los niveles más altos de gravámenes y contribuciones sobre el empleo formal. La reforma tributaria reciente ha disminuido en forma importante el problema, aunque todavía queda mucho por hacer en esta materia, como acaba de señalarlo el informe de la OECD. El segundo tema tiene que ver con el nivel del salario mínimo, que en algunos países es muy alto en comparación con el ingreso medio de la economía. Quisiéramos que todo el mundo tuviera un salario muy alto, pero lo cierto es que eso depende de la capacidad productiva de la economía, que determina el ingreso promedio de la población. A veces, con muy buenas intenciones, se sube demasiado el salario mínimo, impidiendo que los trabajadores de baja calificación, que no tienen una productividad muy alta, sean empleados en el sector formal y deban irse a la informalidad. Hay casos, como el de Colombia, donde más del 30% de los trabajadores están recibiendo ingresos por debajo del salario mínimo en el sector informal. Sería mejor que estuvieran empleados en el sector formal, con prestaciones sociales, con un salario mínimo un poco más bajo. En particular, la inflexibilidad del salario mínimo hace que no se reconozca la necesidad de que los jóvenes entren al mercado laboral formal con salarios algo más bajos (y por eso hay índices más altos de informalidad y desempleo entre los jóvenes), lo mismo que en las regiones más pobres del país, donde el ingreso medio es menor al salario mínimo vigente y por eso casi nadie esta empleado en el sector formal. El informe de la OECD de la semana pasada recomendó por ello adoptar salarios mínimos más bajos en las regiones más pobres, así como para el primer empleo de los jóvenes, además de ser más cuidadosos con los ajustes anuales, con el propósito de reducir los altos niveles de informalidad y desempleo. Un tercer tema son las restricciones sobre el despido. Ese es el caso típico de Brasil, en donde a veces es casi imposible despedir a un trabajador. Por eso, al momento de contratar, los empresarios formales son muy cuidadosos porque saben que el día que haya una recesión, no podrán reducir su fuerza de trabajo y se irán a la quiebra. La otra explicación importante son las deficiencias en calidad de la educación. En Suramérica en general ha mejorado la cobertura, pero la calidad sigue siendo muy baja. Las empresas formales a veces no encuentran los trabajadores que necesitan, especialmente en trabajos técnicos, por la mala calidad de la educación básica y de la formación técnica para el trabajo. De nuevo, el informe de la OECD señaló la necesidad de mejorar la calidad tanto de la educación básica, como de la educación vocacional y la formación técnica en el país. A manera de solución: De todo este diagnóstico resulta claro que lo más urgente en varios países es flexibilizar el mercado laboral, reduciendo los gravámenes y las restricciones que están llevando a muchos trabajadores potenciales a la informalidad o al desempleo. Obviamente, flexibilizar el mercado laboral debe ir de la mano de mejorar el sistema de protección social, para garantizar la subsistencia de los trabajadores mientras encuentran otro trabajo cuando son despedidos. En otras palabras, que existan seguros parciales de desempleo, o fondos de ahorro de cesantías (como existen en Colombia), o programas de transferencias a los más pobres, como Familias en Acción. La flexibilidad laboral, que es necesaria para reducir los índices de informalidad y desempleo, tiene que ir acompañada de protecciones para las personas que en algunos momentos quedan desempleadas y con muy bajos ingresos. Y por último, está la necesidad imperiosa de mejorar la calidad de la educación y la formación técnica para el trabajo, que son muy deficientes en muchos países de la región. |
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