En julio de 2009 tuvimos la fortuna de visitar, junto a 31 alumnos de pregrado, varias organizaciones íconos del emprendimiento y la innovación en Silicon Valley. Al comienzo de esta semana inolvidable tuvimos una sesión de inmersión en la Universidad de San Francisco, donde el profesor Carlos Baradello nos habló de los elementos claves que, en perfecta comunión, hacen de esta parte del mundo un hogar natural para emprendedores dinámicos e innovaciones de alto impacto: educación, tecnología y ambiente. Y mucho tienen que ver con el desarrollo de estos pilares fundamentales algunos antecedentes históricos de Silicon Valley.
Escarbando el pasado más allá de las contribuciones de Terman y Shockley en el proceso de instalación de industrias de alta tecnología en Silicon Valley, llegamos a la época en que numerosos norteamericanos, contagiados con la fiebre del oro, realizaron la odisea de llegar hasta California después de superar incontables adversidades. Al llegar a la costa Oeste de Estados Unidos, estos colonizadores ya no eran las mismas personas. La desafiante travesía les había consolidado su espíritu aventurero y forjado un temple fundado en la visión y la perseverancia. Sin saber de este concepto contemporáneo, habían abrazado el emprendimiento como forma de vida.
Así, estos emprendedores del siglo XIX se expusieron a grandes desafíos, enfrentaron problemas en el camino, corrieron riesgos y aprovecharon oportunidades. Apalancaron recursos, desarrollaron redes, trabajaron en equipo y se permitieron ser creativos. Se apasionaron, exploraron, observaron y diseñaron. Fracasaron y luego se levantaron para alcanzar el éxito. En fin, vivieron un proceso educativo altamente transformador, por medio de la “exposición”, de la “experiencia”. Todos estos factores fundamentan el primero de los pilares principales mencionados al principio: educación, y son elementos como éstos los que debe tener en consideración una universidad que se propone formar emprendedores. De esta manera, cabe cuestionarnos si podemos “enseñar” emprendimiento a nuestros alumnos, o si en realidad lo que debemos hacer es “desafiarlos” permanentemente y dejar que este proceso educativo les haga desarrollar capacidades especiales y los convierta en emprendedores.
Es muy importante agregar al punto anterior que cuando estos desafíos provienen de grandes problemas o están validados por necesidades reales de personas o comunidades, el proceso emprendedor (tal como el descrito con anterioridad) que se hace cargo y resuelve el desafío, logra así crear valor con potencial de ser nuevo, único y relevante. Tales características definen a este valor creado como innovación, un objetivo que debería estar presente hoy en la estrategia de todas aquellas organizaciones que buscan ventajas competitivas frente a sus mercados sociales o comerciales, y por ende la creación de empleo, bienestar y crecimiento económico. Entonces, las universidades latinoamericanas que pretendan educar en materia de emprendimiento no pueden pasar por alto este fin último del proceso emprendedor, que es la innovación, simplemente porque sólo los emprendedores (y las organizaciones emprendedoras) pueden conseguirla.
Ahora, muchas veces las mejores soluciones a estos problemas complejos provienen del desarrollo de nuevas tecnologías que aumentan la probabilidad de constituirse en innovaciones, especialmente cuando son el resultado de un proceso de desarrollo de conocimiento técnico (know-how), por lo regular de atribución exclusiva, pero más importante aún, cuando son adoptadas por un mercado que las valora. Sin duda que en Silicon Valley se han destacado por el venturing tecnológico y generalmente le dan este mismo apellido (‘tecnológico’) al emprendimiento que les parece más relevante y que promueven en universidades líderes, como Stanford y UC Berkeley.
En América Latina, la visión de este segundo pilar fundamental debe ser más amplia; la invitación es a considerar esta dimensión tecnológica como aquella que implica ofrecer una ventaja competitiva real y sustentable en el ámbito de solución al problema (considerar la innovación más allá de la innovación tecnológica). En todo caso, el papel de la universidad en este componente está declarado hace siglos: desarrollar conocimiento, y la idea hoy es ponerlo al servicio del emprendimiento, buscándole mayor aplicabilidad y permitiendo más experimentación. Generalmente, la solución de un problema se basará en una serie de habilidades emprendedoras, como las referidas con anterioridad, pero también por una o más capacidades técnicas que, combinadas, podrán dar lugar a un rendimiento sobresaliente y difícil de igualar. Así las cosas, resulta clave también promover los intereses y la experimentación de los alumnos en diversos campos del conocimiento, aumentando la probabilidad de que aflore su capacidad de apasionarse y, por tanto, de emprender en el camino de su pasión.
Para describir el tercer pilar fundamental, el ambiente, debemos volver al dilema planteado previamente sobre la “enseñanza” frente a la “exposición”. La semana que pasamos en Silicon Valley fue de inmersión total en un ambiente de emprendimiento e innovación. Luego de la ya mencionada introducción, visitamos Google, la Universidad de Stanford, Apple, Microsoft, Ideo y otras compañías. Más importante que estos nombres, es que conocimos culturas y estuvimos con personas muy especiales. Nos recibió Wenceslao Casares, fundador de Patagon.com y otros emprendimientos, en las oficinas de su último start-up Bling Nation en Palo Alto. Y ahí, en un tono muy cercano, nos contaba por qué se arrepintió de irse a vivir a Chile, donde lo esperaba una gran vida para disfrutar: su estómago no lo dejó. Este emprendedor empedernido tenía que alimentar su espíritu, una vez más, con un gran desafío, y en esta ocasión debía comer de la boca misma del león, instalado en el corazón de Silicon Valley. “Aquí está la tecnología, están las redes que necesito para llegar a ser global, aquí está el equipo clave, aquí hay capital inteligente…”, nos contaba.
El papel de las universidades latinoamericanas que se proponen formar emprendedores es también promover el desarrollo de un ambiente que permita generar flujos de energía emprendedora a partir de la comunidad universitaria. La propuesta educativa descrita en párrafos anteriores contribuye de buena manera a este propósito, pues ya se tienen alumnos ávidos de experimentar, de correr riesgos y aprovechar las oportunidades que les propone su contexto; sin embargo, este ambiente se puede desarrollar aún más en comunión con objetivos que van más allá de la educación en sí misma: la proliferación de emprendimientos innovadores. De aquí pueden surgir iniciativas como servicios de incubación o aceleración de proyectos, mentoring para emprendedores, acceso a redes relevantes y otras que, básicamente, ofrecen un camino que debe entregar apoyo en instancias reales de ejecución. La acción es una raíz fundamental del emprendimiento y, como ya se esbozó, la única forma de culminar iniciativas que pretenden ser innovaciones.
Cabe destacar la esencialidad del desarrollo de habilidades emprendedoras en nuestros jóvenes. Éste es un desafío que las universidades latinoamericanas deben tomar con máxima seriedad y, por tanto, prepararse internamente desarrollando las capacidades educativas que le permitan asumirlo. Por otra parte, la alineación de un sistema de apoyo al emprendimiento puede requerir algunas capacidades internas, pero también capacidades externas claves que se deben generar en forma colaborativa. Aquí aparece la conocida relación Estado-universidad-empresa, que tiene tremenda influencia y es fundamental explotarla para la configuración del ambiente apropiado.
Resulta entonces la necesidad de plantear la educación en emprendimiento con un enfoque sistémico, en el que deben interactuar jóvenes cautivables con profesores desafiantes y metodologías de resolución de problemas, con fuentes de conocimiento de potencial diferenciador, con éxitos y fracasos como referencia, con oportunidades reales y sistemas de apoyo disponibles, etc. Igualmente, debemos proponer la educación en emprendimiento de manera integral, reflexionando sobre su fin último: más y mejores organizaciones, más y mejores productos y servicios, mejor calidad de vida, más y mejores iniciativas sociales y públicas, más y mejor salud, más y mejores comunidades, más y mejor bienestar.
Finalmente, es clave destacar que educar sobre emprendimiento es apasionante. Es tratar con las mejores cualidades del ser humano. Para quienes participamos en este “movimiento”, resulta un privilegio transitar desde el mundo de los desafíos, por la creatividad y el emprendimiento, hasta la creación de valor y la innovación, intentando desarrollar en los jóvenes las capacidades que les permitan ser lo que realmente quieren ser, más allá de lo que creen que pueden hacer.