La década de 1990 presenta para la moayoría de los países latinoamericanos dos características sobresalientes: por un lado el fracaso de las reformas económicas; por otro, un creciente proceso de interdependencia política, económica y cultural.
¿Qué le queda a América Latina? Ningún temedio milagroso -ni las privatizaciones, ni los derechos de propiedad, ni la democracia o la dolarización- ha ordenado el caos regional. Ya que EE.UU. le presta sólo una atención simbólica, sus líderes deben buscar soluciones propias. Para empezar: más reformas económicas, no menos; menos leyes, no más.
Mientras quela idea de una gran área de libre comercia en el continente parece estar perdiendo fuerza, avanzan las negociaciones bilaterales entre Estados Unidos y los países de la región.
El índice anual de la globalización de A.T. Kearney/Foreing Policy revela que, pese a la desaceleración económica, la expansión de internet en los países pobres y el aumento de los viajes profundizaron las relaciones mundiales.