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    ¿Por qué es importante hablar del graffiti urbano?
2014-04-22
   
 

En las últimas semanas Bogotá, la capital colombiana, ha sido el escenario de un intenso debate a propósito de las expresiones artísticas callejeras conocidas como graffiti.

La polémica se encendió luego de que la Policia Metropolitana de Bogotá decidiera borrar unos graffitis ubicados en las paredes de la emblemática calle 26. Aunque estos no estaban autorizados, la acción policial despertó una indignación pública al punto que, al final, las mismas autoridades se vieron forzadas a reconocer que se habían extralimitado.

Días despues, un grupo autodenominado “neonazi” escribió mensajes fascistas en un mural ubicado en la misma calle (este sí autorizado por la Alcaldía Mayor de Bogotá), y con la particularidad de ser una expresión de memoria histórica: un homenaje a las víctimas del partido de izquierda Unión Patriótica, que en los años ochenta y noventa sufrió un genocidio político.

Para tratar de entender la complejidad que encarna este asunto, hemos recogido a propósito los puntos de vista de un semiólogo que ha estudiado el tema de los graffitis urbanos, y a un graffitero bogotano, miembro del colectivo Liga del Rayón que opera principalmente interviniendo graffitis al interior del campus de la Universidad Nacional de Colombia.

   
       
 
       
  Reacciones    
  Las opiniones aquí expresadas son a título personal.    
       
  Armando Silva Colombia
Director proyecto Internacional Imaginarios urbanos. Profesor Universidad Externado de Colombia
 
       
 

¿Qué es y qué no es el graffiti?

El graffiti -como lo menciono en el libro de Atmósferas ciudadanas, grafiti, arte urbano nichos estéticos (editado por Externado de Colombia y Silueta)-  es una marca urbana relacionada con lo prohibido. Para ser considerado graffiti debe violentar un orden lingüístico, estético, en fin político; irrumpir contra lo que está establecido. El graffiti no pide permiso, se toma las calles y los muros.

Anteriormente, había hecho una clasificación con algunas valencias, que determina que haya o no grafiti : amarginalidad,  anonimato y  espontaneidad. Sigo conservándolas para que se dé esa escritura de lo prohibido; al faltar alguna de ellas se entra en otro tipo de valoraciones que no serán graffiti. po. ej , Si la ciudad da permiso para hacerlo, no es marginalidad, por tanto carece de la condición de graffiti y entra a otro tipo de producción urbana que en mi libro lo llamo “arte urbano”.

¿Cuál es la importancia del graffiti para una ciudad?

Es parte de la identidad urbana. El graffiti es un acontecimiento cultural, muchas veces ligado al arte; son formas de expresión y de producción estética. Así como hay una necesidad de que haya canales de expresión en los medios de comunicación, también hay necesidad de graffiti. Sin embargo, la necesidad no se satisface porque se le dé permiso, se satisface porque hay personas, colectivos  o grupos que utilizan esta opción para dar a conocer un ideario o para contraponerse a uno que esté funcionando en un sistema contra el cual ellos actúan.

El graffiti es necesario, pero por ser necesario no tiene que ser permitido. Es decir, es necesario en la no permisibilidad que tiene. Otros acontecimientos como el arte urbano, de lo que me ocupo en el libro, también son importantes. En el libro lo que hago es poner un cierto orden para saber cuándo se trata de arte urbano, graffiti, post-graffiti… y muchos géneros que viven en la ciudad, en lo urbano y que la gente identifica como graffiti y que no siempre lo son. En todo caso, todas ellas son necesarias, son expresión estética del ser humano

¿La dinámica necesaria para el graffiti es, por ejemplo, que aparezca el dibujo, que las autoridades lo cubran y que se vuelva a pintar en ese muro?

Así es. Por eso el graffiti necesita de la policía: para que lo prohíba. En un artículo de El Tiempo dije que la Policía es determinante para que haya graffiti y su misión es prohibirlo.

Hace unas semanas, la Policía de Bogotá cubrió unos graffitis a lo largo de la reconocida Calle 26, su actuación fue rechazada por muchos ciudadanos. En este caso ¿las autoridades no se extralimitaron?

Lo que pasa es que lo de la Calle 26 no era graffiti sino “arte urbano”, y esas obras estaban autorizadas. La Policía no actuó adecuadamente simplemente porque no reconoció un permiso que había dado la Alcaldía. Es importante que todos entiendan qué es graffiti y qué no, para poder establecer este juego de estructura de un sistema de expresión.

¿Dibujos como el nombre de personas o mensajes también pueden considerarse graffitis?

Para que algo sea considerado graffiti es algo muy circunstancial. Puede que en un momento sea graffiti porque es algo prohibido y en otro momento no. Por ejemplo, decir en Venezuela “Viva el socialimo o el chavismo”  no puede ser graffiti porque ese sistema es el que está gobernando el país. Eso será más bien propaganda política. Entonces, no es lo que se diga sino el lugar en que se diga y la manera en que se diga lo que lo constituye.

Poner el nombre de una persona no es graffiti, esos son más bien juegos infantiles -en Brasil los llaman picacoes-. El graffiti tiene que ver mucho más con ir en contra, es contraideológico y contra sistema

Entonces, ¿tiene una dimensión, más que todo, política?

No necesariamente de modo directo. Tiene relación con la política pero puede ser cultural, puede ser también con el sexo, puede ser una exaltación de vida homosexual. Hay muchas maneras de ir en contra de un sistema que, en principio, no sería esencilamnete político y al final lo es, pues es cambiar lo que está. Está abierto a cualquier sistema de valores con el que el graffiti pueda tener conflicto.

   
       
       
  Grafitero Colombia
Miembro de la Liga del Rayón
 
       
 

Un graffiti es una huella, un intento de decir “estuve aquí”. Esa es la función que tiene en esencia. Y eso es importante porque satisface al autor, le da permanencia simbólica a su ser. O al menos lo ha hecho históricamente, si bien es cierto que con las dinámicas de las ciudades actuales el graffiti tiende a ser más efímero.

El graffiti puede tener una dimensión estética, pero en general no es una cosa bonita como el Street art, no es lo mismo que un mural. Es mucho más espontáneo. También puede tener contenido político, pero muchas veces este contenido se reduce a dar a conocer a un grupo político y no es precisamente graffiti sino un letrero, o una firma publicitaria.

Algunos mensajes tienen una pretensión política pero desde una lectura histórica no dicen nada nuevo. “Fuera yankees”, por ejemplo. Es un mensaje que se ha desgastado por su misma repetición. Pero otros mensajes tienen algo novedoso, como escribir a la salida de la Universidad Nacional: “Peligro. Realidad del otro lado”.

Justamente, en muchos lugares como la Universidad Nacional los graffitis también son estrategias de territorialización. Algunos grupos los emplean para “marcar su territorio”.

Muchas veces el graffiti se choca con el patrimonio público. Desde mi punto de vista, el límite aquí es la conservación. El patrimonio público debe conservarse, es decir, usarse y dejarlo en condiciones para un uso futuro. Eso es muy distinto a preservar, que simplemente consiste en abstenerse de usar.

Frente al caso del grupo fascista que hizo un graffiti sobre el mural de las víctimas de la Unión Patriótica, debo decir que en general esta actividad se somete a ciertos códigos. Uno suele respetar el mural y no lo toca. Pero también, por muy lindo y protegido que sea el mural, nadie puede determinar que esté allí para siempre. Un lienzo en la casa puede conservarse, pero en la calle "la movida" es distinta.

Lo que hicieron estos neonazis abre un debate que es menos sobre patrimonio público que sobre libertad de expresión. Y aquí uno puede tener dos posturas. Una que establece ciertos límites, por ejemplo, que no puede hacerse apología a la violencia o al genocidio. Y otra que lo acepta todo, y en ese sentido habría que soportar mensajes en la pared de grupos de extrema derecha, de extrema izquierda, de centro, etc.

A mí en particular me parece que el mensaje de esa pared se respondió, pero luego fue otra vez replicado por un montón de grafiteros que, indignados, repintaron el mural sobre los mensajes fascistas. Y eso, en mi opinión, le da vida a las paredes y es bueno.

Si la violencia se pudiera reducir a una discusión en una pared, habría una ganancia. 

   
       
       
     
 
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